l   abril 15, 2016   l  

Recta Final 54 a 45





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Gerardo Jauri dirige al club de su vida en otra final de Liga

 

“El Parque Rodó, el liceo Zorrilla, la playa Ramírez, después la Facultad de Ingeniería, Sporting y la Plaza de Deportes número tres. Con eso abarcaba todo mi espectro de la niñez y la juventud. Todo”. El ingeniero, el montevideano que vivió en el Parque Rodó la enorme mayoría de sus 54 años y el hincha y técnico de básquetbol de Defensor Sporting quedan en evidencia en un puñado de palabras que el tipo entrega distendido y entre risas, como si no fuera el mismo que parece poseído cuando el salto inicial le da paso a cada partido. Pero lo es y la Liga lo sabe: con las finales de este año, habrá definido siete torneos en 12 años.

Le gusta el fútbol y siempre le simpatizó el cuadro del barrio, el viejo Club Atlético Defensor de la era pre-fusión. Pero el básquetbol y el más viejo Sporting dicen mucho más de él. También dicen de su papá, un fraybentino que pasó por Paysandú antes de llegar a Montevideo con esa cultura deportiva que da el litoral. “Se vincula a las domas de Sorting y termina siendo dirigente”, detalla Gerardo al hablar de su padre Eugenio, que en más de una ocasión ocupó la vicepresidencia del club más ganador de la historia del básquetbol nacional.

El hoy entrenador fue socio de Sporting sin que lo consultaran. Supone que casi desde el nacimiento. No podría determinar cuándo pisó el club por vez primera, sencillamente porque nadie recuerda cuando dio los primeros pasos en su casa natal. Tiene recuerdos imborrables que se remontan a la infancia, como el del único descenso registrado en la historia de Sporting: “Me acuerdo del vestuario (…), viendo hombres hechos y derechos llorando”. Uno de ellos era Atilio Caneiro, que más tarde lo marcaría como técnico, al igual que Ramiro De León y Hebert Rey. Nombres y lugares familiares desde un momento que Gerardo Jauri sitúa hace unos 45 años. En el entorno de 1970, cuando empezó a defender la camiseta en los minis.

Los hilos de la misma camiseta unen casi todo lo que le pasó en adelante: si hace cerca de 46 años que está en el básquet, Jauri suma 45 en el club. Caso digno del Guiness. La excepción es una única temporada, a principios de los noventas. Todavía jugador, dejó el cuadro ya fusionado para jugar en Bohemios. “Me entusiasmó y fui”, suelta, como podría decirlo alguien que un día subió por Libertad hasta llegar a Pereira, sin darse cuenta. Pero al otro año volvió a Defensor Sporting para no irse más. Jugó hasta el ’99. “Fui variando la función con el tiempo”, recuerda: es que pasó a ser asistente en 2000 y llegó a técnico en 2002. También dirigió formativas. “El club pensó en irme preparando”, reconoce, sin retacearse “la virtud” de la adaptación al cambio.

Su primer año al frente del plantel superior no fue uno más: fue el del salto presupuestal para pelear por el Federal que no se ganaba desde el ’85. El sueño se truncó en semifinales, pero se hizo realidad al año siguiente, justo en la última edición del torneo que antecedió la era de la Liga, cuya primera copa también fue a dar a esas vitrinas. Repitió consagración en 2009-’10 y nada de lo que luego pasó interrumpió un trabajo a largo plazo raro para este medio y con efectos visibles: “Nuestra temporada pasada no fue buena. Fue bueno el análisis post temporada que se hizo”, explica Jauri para justificar la contratación de Martín Osimani, que se sumó a una base preexistente.

La dupla extranjera se consolidó en cuartos de final y el equipo evidenció un crecimiento colectivo notorio en las recientes semifinales. Jauri destaca lo hecho ante Malvín para valorar una tarea defensiva a la que le juega repetidos boletos: “(Nicolás) Mazzarino escapó tres, cuatro minutos de la marca de (Marcos) Cabot con la ayuda del equipo, en el tercer cuarto del tercer partido, y Malvín nos superó en ese partido”. “Tenés a Leandro (García Morales) enfrente”, le retruco, tratando de saber si el plan puede servir en las finales que quedan. “Obvio, es una pieza, pero… Pero la valía de Hebraica es que no es sólo Leandro”, contesta, sin querer mostrar cartas reservadas. Como si aflorara una mesura moldeada en años de trayectoria en Primera División que, increíblemente, comenzaron cuando era juvenil y lo ascendieron por primera vez sobre fines de los setentas y ante el mismo rival de estos días: “Me acuerdo de unos partidos en el Palacio Peñarol contra Hebraica, yo tendría 15, 16 años”. Casualidades de una carrera en la que los años vividos son apenas unos más que los años de vida en un club. Dicho a lo Jauri, 54 a 45.

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