El viernes 6 de setiembre del 2024 será una nueva fecha para sumar en la historia del fútbol uruguayo. El último partido de Luis Suárez con la camiseta de la selección uruguaya de fútbol. El máximo goleador, con 69 tantos en 143 partidos, nos regaló una despedida inédita.
Desde los cinco días previos, donde se anunció el retiro, el país quedó pendiente de un evento que rápidamente agotó las entradas al Estadio Centenario, pintó los diferentes lugares con todo tipo de mensajes, ocupó los vidrios de los ómnibus con el “Gracias Luis”.
Muestras de agradecimiento por millones, y si algo nos permitió la “planificación” de la despedida, fue rememorar una y mil veces el torbellino de emociones que este muchacho nos ha hecho sentir y disfrutar en el fútbol.
Adhesión al equipo, rebeldía, picardía, ganas de jugar como sea, compromiso, son algunas de las cosas que podríamos decir a la carrera de Luis. Pero si hay algo que ha marcado su forma de jugar, es justamente, esa capacidad para disfrutar lo que hace, desde la técnica, la estrategia, pero sobre todo desde la voracidad por el juego, en su más último detalle.
Si uno percibe los festejos de sus goles emblemáticos (final Copa América Argentina 2011, los dos goles contra Inglaterra en Brasil 2014 o el penal que erró Asamoah Gyan en Sudáfrica 2010), podemos conectar con el impulso lúdico más genuino, irreverente que justamente se canaliza en saber “jugar” sobre todas las cosas. Y en esto incluyo la capacidad de cometer faltas desde el agonismo propio del juego, mordida incluida.
Esa forma de jugar es única e irrepetible. No habrá otro Luis Suárez, de eso podemos estar seguros. No sin un dejo de melancolía, agradecer lo que nos hizo sentir y disfrutar del fútbol con la camiseta uruguaya.
El abrazo con el Maestro Tabárez en su despedida nos recuerda que el aprender, sufrir, disfrutar y compartir se hace en colectivo, y ahí la grandeza del legado.











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