l   abril 19, 2021   l  

Frank Sinatra está triste





En una columna en el diario catalán Sport, un hombre de fútbol como César Luis Menotti comparó lo que sienten los entrenadores y jugadores frente a una cancha sin público con lo que pudo haber sentido Frank Sinatra a la hora de subirse al escenario de un teatro vacío.

Al igual que en “Frank Sinatra está resfriado”, el célebre perfil del “crooner” norteamericano que esbozó Gay Talese, Menotti no necesitó hablar con Sinatra para hacer una analogía de la tristeza que sienten los protagonistas y el público (también protagonista) al no poder encontrarse. Decía el autor de una de las obras fundamentales de lo que se conoció como “Nuevo Periodismo” que “Sinatra con un resfriado es Picasso sin pintura, Ferrari sin gasolina, pero peor”. Los “Sinatras” que patean una pelota y quienes los miramos no estamos resfriados; pero sí tristes en medio de una pandemia, desinteresados y desconcentrados frente a los escenarios vacíos. Menotti; un hombre que jugó, dirigió, pensó y escribió al deporte rey dice en esa columna que particularmente no le interesa el fútbol sin público.

Un cambio de paradigma

Hace más de un año que se está jugando al fútbol de la misma forma que se jugó siempre, pero claramente no es lo mismo. Pensemos en lo que nos pasaba cuando, en medio de esa avidez por volver a ver la pelota rodar tras el inicio de la pandemia nos encontramos viendo partidos de la Bundesliga como no lo hacíamos desde que la relataba Andrés Salcedo (http://zonamixta.uy/bundesliga-y-narracion/). Ahí, mientras terminamos de comprobar cuáles de las costumbres que trajo la “nueva normalidad” quedan más o menos permanentes cuando pase la pandemia, nos dimos cuenta de que faltaba algo tan importante como una de las dos mitades que conforman un partido de fútbol. Sin público, se pierde parte de la esencia del deporte y lo sufren los jugadores igual que quienes no pueden ver los partidos en la cancha, pero tampoco se enganchan del todo por la televisión. Como alguna vez escribió Eduardo Galeano, el jugar sin hinchas se parece bastante a bailar sin música.

Un tweet del “groundhopper” catalán Ignasi Torné, más conocido como Natxo, un apasionado de todo lo que se vive alrededor del fútbol que va por el mundo recorriendo estadios y contando historias con su cámara y su pluma me hizo dar cuenta de lo que siento desde que me enfrento a la experiencia de mirar por la televisión partidos sin público, además de estar imposibilitado de ir a verlo a una cancha (https://twitter.com/groundhopperbcn/status/1372987569428893702). Natxo contaba una historia, como hace siempre, que trataba de una camiseta que le regaló un amigo ultra de la Atalanta italiana con el orgullo de aquellos que nunca vieron un gol de su equipo porque siempre están mirando a la tribuna y de espaldas al partido.  «Mai visto un gol», decía la camiseta que hizo que él cayera en la cuenta de que efectivamente tampoco vio un gol nunca y que no habla de fútbol, sino de todo lo que pasa mientras hay fútbol. Todo eso que hoy no está pasando nos hace pensar en que ni es lo mismo ni es igual que la pelota ruede, pero no haya nadie para testificarlo. ¿Hay comunicación si no hay un código compartido? Si cae un árbol en un bosque y no hay nadie, ¿hace ruido?

Natxo, que no habla de fútbol y dice no entender de defensas en bloque bajo o extremos que buscan espacios, fue a un montón de partidos por todo el mundo (incluido Uruguay) y siempre mira a la gente, porque entiende que el fútbol es todo lo que pasa mientras hay fútbol. Sin embargo, hay personas que sí saben de qué va el tema y se las considera opiniones calificadas, que han ido por la misma línea en declaraciones en diferentes medios desde el inicio de la pandemia. Pep Guardiola dijo que no tiene sentido jugar si la gente no puede ir a los estadios, Ander Herrera fue categórico al afirmar que el fútbol sin aficionados no es nada, César Luis Menotti aseguró que el fútbol de tribunas vacías es otro deporte y le produce una gran tristeza, Gennaro Gattusso y el Maestro Tabárez directamente dijeron que el fútbol sin público no es fútbol, Diego Latorre consideró que sería mejor no jugar si debe seguir haciéndose a puertas cerradas, Jorge Valdano definió al fútbol sin público como un fútbol sin alma y Cristiano Ronaldo (que extraña motivarse con los silbidos) lo comparó con ir al circo sin payasos o a un jardín sin flores.

Natxo Torné on Twitter: "Hoy voy a hablar de cómo me hice hincha de  Peñarol. Abro hilo.… "
Natxo Torné

Al repasar estas afirmaciones, se logra entender que una parte grande del fútbol es la pasión y el ambiente en el que jugadores y público se retroalimentan. Basta ver que el jugar a puertas cerradas era un recurso utilizado para castigar a un equipo por algún hecho ilícito, que ahora se volvió cosa de todos los días. La condena para todos los equipos y todos los espectadores es a presenciar y ser parte de un fútbol más frío y más aburrido.

Fútbol sin público, fútbol sin alma

Ni los videos en YouTube, ni las transmisiones que simulan el ruido de las hinchadas o proyectan hologramas en las tribunas; nada de eso puede reproducir la experiencia de estar ahí o incluso la de ver por televisión un partido con público. Los templos del fútbol no pueden recibir esas “epifanías” de gente en sintonía entre sí y con los protagonistas; se pierde sentido, esencia y espíritu sin esa parte orgánica de un partido de fútbol (http://zonamixta.uy/los-establecimientos-deportivos-estan-en-cuarentena/). Mientras la pelota sigue girando, la gente que consigue disfrutarlo de la misma manera es una minoría y seguramente los jugadores tampoco encuentran la misma motivación que si jugaran a estadio lleno. Sin un público con el que mimetizarse emocionalmente, motivarse o rebelarse, ¿hubiera cantado igual Frank Sinatra o hubiera tenido el mismo sentido el gol de Maradona a Inglaterra? Para los futbolistas, el fútbol sin público es una experiencia extraña. Entrar a la cancha sin aplausos y papel picado, o incluso sin insultos, le resta sentido.

Los espectáculos deportivos con tribunas vacías son una postal de la pandemia y un elemento para la discusión acerca de su influencia en el juego, en el desenlace y en el ánimo de sus protagonistas. Lo primero que salta a la vista es la falta de “alma”, pero también se nota que los futbolistas extrañan el apoyo del público cuando las cosas no salen o la motivación ante un ambiente hostil. Por algo, la competencia se diferencia de un entrenamiento es que hay un factor que incide y es la presencia de público, un elemento indisoluble del fútbol en sí mismo. Cuando vuelva el público a los estadios, la naturaleza del fútbol volverá también a la vieja normalidad y recuperará esa simbiosis. Ese deporte que algunos definen como distinto, otros directamente como que ha dejado de ser; recuperará otros elementos que hoy se han visto afectados, como las localías fuertes. De acuerdo a una investigación de la Universidad de Alicante, España; las ventajas de la localía se redujeron a la mitad durante la pandemia y los árbitros parecen haber dejado de favorecer a los equipos locales. El investigador Carlos Cueva y el estudiante Ignacio Mas llegaron a estas conclusiones tras recopilar datos de más de 230.000 partidos de 41 ligas y 30 países entre 1993 y 2020, comparando proporciones de victorias, empates y derrotas (así como promedios de faltas y tarjetas) de los equipos locales y visitantes antes y después de la pandemia.

Hoy somos espectadores de un montón de partidos por televisión, pero al mismo tiempo no somos espectadores de ninguno. Mientras el show debe continuar y efectivamente continúa, hay televidentes que optan por irse a Netflix porque se dan cuenta de que a esos partidos les falta algo y no son lo mismo. Tal vez sea cierto aquello de que todo comunica, pero con el fútbol sin público queda claro que no todo significa. Cuando esto pase, el público volverá al fútbol y volverán los colores, sonidos y olores de siempre. Se transformarán en un recuerdo los píxeles que intentaron en vano reemplazar la presencia de personas que comen y beben, escuchan la radio y se abrazan con desconocidos cuando hay un gol. Los futbolistas serán un poco más felices, como Frank Sinatra frente a un teatro lleno, y el espectáculo volverá a ser dueño de las emociones de muchas más almas que las 22 que saltan a la cancha.  

“Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval”.

Eduardo Galeano, “El Hincha” (En El fútbol a sol y sombra).

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