l   abril 21, 2016   l  

Captador de talentos Y por si fuera poco





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De todos los puestos del fútbol, el del arquero es el único que puede resultar decisivo sin transpirar una gota, el único al que no se le reclamará que se tire al piso a trancar cual Nahitan Nández, el único cuyo lucimiento personal no depende estrictamente de sus compañeros. Para el tipo con el 1 (o el 12 o el 25) en la espalda, el fútbol es un deporte individual. A continuación repasaremos las claves para identificar a un gran arquero de uno del montón.

Lubo Adusto Freire

Comencemos con la etimología del término. La distinción clave en nuestro país se da entre dos palabras diferentes: los de más de 50 lo llaman “golero”, los más jóvenes le dicen “arquero”. La distinción no es casual: hasta los años 60´s los equipos uruguayos eran ganadores, y el arquero terminaba siendo el pobre muchacho que la iba a buscar a las redes cuando el contrario nos convertía un gol (gol/golero). A partir de los años 70´s y con la llegada al poder de los milicos, nuestro balompié empezó a bajar y entramos a depositar todas las esperanzas en que el hombre de guantes fuese capaz de cuidar el arco lo mejor posible (arco/arquero), como única forma de evitar la goleada.

En otros países, las denominaciones utilizadas nos dicen mucho sobre las diferentes formas de entender el fútbol de cada nación.

Alemania: torwart (quienes veíamos Fútbol Alemán con Andrés Salcedo sabemos que “gol” es “tor”. Como además sabemos que Sonsol es gol, por transitiva, deducimos que tor es Sonsol. O sea que bien le podrían haber dicho “Sonsolwart”.

Brasil: goleiro (rima con Lodeiro, de ahí la proverbial ineficacia de los arqueros norteños).

Colombia: cancerbero (se debe a que Faryd Mondragón era bastante “perro” jugando con los pies).

España: portero (los equipos españoles atacan mucho, entonces el arquero tiene tiempo para conversar con los defensas, barrer el área y hacer algún arreglo).

Estados Unidos: goalie (como a los yankees les importa muy poco el fútbol, le pusieron ese nombre tan lamentable).

Francia: gardien de but (sabido es el amor del francés por la rima picaresca. Imagine todas las canciones que se pueden idear con alguien denominado así).

Inglaterra: keeper (es decir, “el que mantiene”. ¿Qué mantiene? La calma. Por eso los arqueros ingleses son poco salidores).

Italia: portiere (retiramos lo dicho respecto al origen de “portero”, dado que los equipos italianos atacan menos que el Fénix de Rosario).

Polonia: bramkarz (deformación de “bravo, Karlz”, versión polaca del “Tuya Héctor”; por eso Polonia produce grandes arqueros, caso Tomaszewski, Mazurkiewicz o Bastía).

Rusia: вратарь (por eso entendemos por qué los arqueros soviéticos eran tan buenos: nadie se animaba siquiera a mencionarlos).

¿El puesto más ingrato?

Siempre se dice que el puesto del arquero es ingrato. Yo discrepo: al arquero se le piden cada vez menos cosas. Incluso una persona que desconozca las reglas básicas de este deporte puede ser el héroe de la jornada si, tras entrar al arco, la pelota le rebota en la rodilla y sale afuera en la última jugada del partido. Arqueros históricos como el Leo Rombay (¡de fiesta!) basaron su carrera en esa premisa tan básica: “si patean, que te rebote donde sea, pero que la pelota no entre”.

Ni que hablar de los penales, en los que el arquero tiene todo para ser el héroe: basta que acierte el lugar hacia donde el pateador haya ejecutado el remate, que del resto se encargará la increíble tendencia de los futbolistas a patear a media altura. A veces ni siquiera se precisa tanto: si el ejecutante erra el penal tirando el balón 5 metros por encima del horizontal, al arquero se le permitirá festejar alocadamente. Tales los casos de Zubizarreta en 1990 tras el penal pateado por Sosita (que terminó dando en el telescopio espacial Hubble, dañándolo irremediablemente) o el de Taffarel tras los fallos del Pampa Baggio y Baresi en el 94.

Aparte, al arquero siempre se le permitirá echarle la culpa al otro:

• Si le meten un gol de tiro libre, se sacará las culpas realizando indescifrables gestos dirigidos a la barrera.

• Si se come un gol de cabeza en el área chica, tras el partido podrá declarar “la pelota se abre y es dificilísima, el que diga que es pelota del arquero es porque nunca jugó un partido profesional”.

• Si se come un gol bobo, le echará la culpa a las pelotas modernas de la FIFA. “Capaz que si se preocuparan menos por no meter la mano en la lata que por hacernos jugar con globos, estaríamos mejor como sociedad”.

¿Qué se les pide a los arqueros de hoy?

1. Que se tiren.

Lo hemos reiterado hasta el cansancio: si ves que no llegás, tirate igual. Así lo hizo el gran Harry Álvez ante Scifó en 1990. “Vi que no llegaba, pero me tiré igual para atenuar las críticas” dijo el mejor arquero uruguayo de la era moderna. Repasemos la jugada en el emocionado relato del Julio Ríos belga:

En cambio, Munúa no se tiró en ninguno de los goles del 5 a 0. Vea si no:

Primer gol

Primer gol: Zalayeta. El arquero estaba gateando y como vio que no llegaba, no se inmutó. Error.

Segundo gol

Segundo gol tras cabezazo de Macaluso: Munúa quedó petrificado, acaso convencido de que la pelota iba afuera. Pero no, iba adentro.

Tercer gol

Tercero, obra del Japo: ahí lo tiene a Munúa, o a parte de él que asoma tras la humanidad de Ubriaco. Tirate, hermano. No llegaba, claro. Pero tirate igual.

Cuarto gol

Cuarto tanto, obra de Aguiar de cabeza. Otra vez Munúa que presenta una pose muy estética, aunque que de poco sirve para evitar que el balón bese las mallas.

Quinto gol

El quinto, que ya no recuerdo quién lo hizo (supongo que Aguiar). Otra vez fulminado sin remedio, el hombre de azul se queda detenido en el tiempo. La verdad sea dicha: será un divino botija, pero hay cosas que no se olvidan tan fácilmente.

2. Que salgan con decisión.

Otra de las ventajas de ser arquero: es el único jugador que puede meterle un rodillazo en la frente a un rival sin que el árbitro siquiera marque fau. Incluso, si tiene la desgracia de perder la pelota, le marcarán infracción a su favor. ¡Así de sencilla es la vida del cuidapalos!

Por eso no podemos pedirles otra cosa que no sea salir a buscar la pelota por alto a lo macho, es decir, con la rodilla bien arriba, los codos afilados y abiertos, y la vista puesta en la pelota para, si pasa de largo, fingir una carga del rival. Casi nunca falla. Si no, pregúntele al Gato Sessa, que tuvo la desgracia de toparse con árbitros propulsores del balompié de taco alto:

O con Taymur El Yameni, apodado el Loco Contreras egipcio, que aquí reacciona con vehemencia ante el delantero que juega el balón tras el silbatazo del árbitro. Mal amonestado:

3. Que no defeccionen anímicamente en los partidos decisivos.

Al arquero no se le exige que ataje penales, ni que resuelva un mano a mano, ni que saque una pelota del ángulo: basta con que no se coma goles tontos en los clásicos para que se denomine “un jugador ideal para esta clase de partidos” o “un arquero ganador” o todo aquel grupo sintáctico nominal con el que se designa a aquel arquero que es exitoso pese a no demostrar la más mínima capacidad técnica para el puesto.

Veamos algunos ejemplos:

El Galatasaray derrotaba 5 a 0 al Ferencvaros, cuando llegó esta “desinteligencia” del portero celeste que arruinó la goleada histórica. Acto seguido, el guardameta aurirrojo fue puesto en la lista de transferibles.

El popular Mauro Goicoechea era figura de la Roma, que necesitaba ganar para quedarse con el Escudito en su partido ante el Cagliari de los uruguayos, cuando un centro sin pretensiones de Daniel Fonseca terminó en la red gracias al aporte del ex Danubio. Acto seguido, Martín Cáceres ingresó al campo y le dio un recordado beso francés al hoy contratista y ex ampollado ariete zurdo.

El Manchester United (o Iunaired, como dice Moar) se jugaba todas sus fichas en el clásico ante el Arsenal, acaso el equipo más abigarrado anímicamente del mundo. Pero lo cierto es que dos fantochadas del calvo gardien de but privaron al equipo de Ferguson de una nueva consagración. A pocos años de haberse coronado campeón del mundo, Barthez cayó en desgracia y terminó de ayudante de arqueros en Salus.

Porque en eso sí que es ingrato el fútbol con los cuidapalos: cuando se jubilan, rara vez se convierten en entrenadores exitosos. En el mejor de los casos terminan entrenando arqueros. ¿Se nos ocurre un destino menos glorioso?

Claro que sí: en una próxima entrega hablaremos de los laterales izquierdos.

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