l   enero 11, 2018   l  

Emiliano Lasa Una secuencia de estímulos





“De chico siempre nos sorprendía la forma en que saltaba las cañadas… Mientras nosotros las rodeábamos, él saltaba una punta de metros y caía perfecto, como un gato”, así cuenta Luis Lasa (padre de Emiliano) a Zona Mixta algunas de las historias que han formado el mejor figuración de un atleta uruguayo en juegos olímpicos.

Pintaba para ser jugador de fútbol, ya que desde los 6 años estuvo jugando en el club Bella Vista, pero la (¿mala?) suerte le deparó otro destino, completamente impensado para él y su familia. Probablemente nunca se imaginó que iba a recorrer el mundo, competir contra los mejores de su disciplina, conseguir un diploma olímpico (6º puesto en Río 2016) y mantenerse en la elite mundial un año después, cuando en el mundial Londres 2017 se quedó con el 9º puesto.

El interés por entrenar en la pista se dio por una casualidad, ya que vio por televisión que le hacían un reportaje al atleta Heber Viera, en la previa de los juegos de Sydney 2000. Luis, siempre atento a las señales de su hijo de 10 años, le propuso: “¿Querés conocer la pista?”, y Emiliano no dudó.

Ahí se plantó la semilla. El siguiente fin de semana ya estaba compitiendo en salto largo y carreras de velocidad. Lo llamativo fue que ganó en las dos competencias, sin ninguna referencia ni conocimiento de las técnicas… Recuerda el padre que le comentó “Emiliano, cuando toques la arena, tenes que caer con la piernas para adelante y las manos también”, a lo que su hijo le retrucó “¿Para qué? Si gané igual…”

El entrenador de la pista, Luis Sotura, viendo sus condiciones atléticas naturales, rápidamente se aceró a comentarle al padre de Emiliano que lo siguiera llevando a entrenar ya que el “botija” claramente tenía pasta para eso.

Y allí arrancó un periplo de un par de años en el que tuvo que intercalar las prácticas de fútbol en Bella Vista con las exigencias – cada vez más específicas – de entrenamiento en atletismo.

El fútbol muchas veces es injusto, y como Emiliano era de los más pequeños en complexión física, permanentemente quedaba relegado, aunque sus condiciones atléticas lo hacían super veloz y con gran potencia para ganar las pelotas áreas. Y no jugaba nada mal, pero la cuestión de la estatura pesaba mucho.

Su rutina era ir al liceo tempranito por la mañana, luego prácticas de fútbol y a veces también entrenar en la pista. Por tanto, un día planteó a sus padres que no podía seguir así y se decidió por el tartán en lugar de la pelota, mas allá de que tenía condiciones… mirá este golazo:

El gran salto

Como en todas las cosas, la motivación es importante pero más ayuda conseguir buenos resultados. Y Emiliano los conoció rápidamente en el atletismo. “Creo que la carrera de Emiliano es una cadena de estímulos, y en eso los resultados son importantes” explica su padre.

De todas formas, sobre los 15 y 16 años se dio el tiempo para tocar la batería y armar una banda de rock, que se llamó “Vitró”, tocando un par de veces en BJ.

Cuando tenía 17 años, surgió una invitación para ir a competir a Cuenca (Ecuador), a un Grand Prix Sudamericano. Todo un desafío para la familia, que estaba más preocupada en que no se perdiera ninguna de las escalas del vuelo más que en la posición que podría alcanzar en el torneo.

Finalmente participó, y no sólo eso, sino que consiguió el primer lugar en salto largo. Allí fue un parteaguas en su especialización, ya que hasta ese momento también entrenaba en salto triple, velocidad y algún lanzamiento.

Cuando terminó el liceo, la disyuntiva era que hacer con el atletismo. Y justo allí, apareció la posibilidad de conocer a Nelio Moura, el reconocido entrenador brasileño, que aprovechando unas vacaciones que tuvo Emiliano, le dijo que se arrimara a San Pablo para verlo, abriéndole las puertas. Emiliano consiguió afincarse y entrenar junto a un grupo de elite, en el que habían campeones olímpicos.

Estuvo dos años dedicado de forma exclusiva al entrenamiento físico y técnico. Mejoró su nivel de competencia, así como la infraestructura con la que contaba. Además, enseguida lo adoptaron como uno más, destacándo Nelio –según Luis Lasa – que

“Emiliano tiene una actitud tan uruguaya, de la garra charrúa, de no achicarse con nadie y de competir de igual a igual contra los mejores del mundo”.

Con el entrenador brasileño pudo sentar las bases que lo harían explotar como atleta a los 26 años, cuando en los juegos olímpicos consiguió ese tan preciado sexto lugar, donde marcó 8.10 mts en la final. El mundial de atletismo Londres 2017, en el que culminó en el noveno lugar, también fue un espaldarazo para seguir compitiendo a gran nivel así como también la permanencia en la Liga de Diamantes.

En la actualidad, Emiliano sigue entrenando en Brasil, pensando en el mundial de Birmingham que será en Marzo 2018, así como también en superar su registro nacional de 8.19 mts. Su meta es alcanzar los 8-30 mts. Aunque si miramos un poquito más allá, el resplandor de Tokio 2020 empieza a asomar.

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