l   diciembre 27, 2018   l  

Con Seba Chittadini Segundas partes





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Conversamos con Sebastián Chittadini, compañero de Zona Mixta, que publicó una nueva entrega sobre «La Celeste de Antes», esta vez bajo el título «Segunda Vuelta Obdulista». 

¿Cómo surgió esta nueva entrega? ¿A pedido de la editorial, tuyo, tras una buena repercusión de la primera?

En realidad, tuvo un poco de las tres. Que vuelva la celeste de antes tuvo un buen recibimiento de la gente, lo que llevó a que quedara abierta la posibilidad de una continuación. También me encontré con que había gente que preguntaba, con que la editorial Fin de Siglo tenía interés y yo también. Se dio de forma bastante natural, mientras el primer libro se seguía presentando en diferentes ferias, ya estaba escribiendo el segundo.

¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Y en comparación con la primera vuelta?

El proceso de escritura siempre pasa por diferentes etapas, donde juegan varios factores que inciden en el producto final. A veces más inspirado, otras menos; más o menos cansado, pero siempre significa un disfrute. Nunca hay que perder eso de vista. Comparando los dos procesos de escritura, el de Segunda vuelta fue sustancialmente mas corto. Ahí también se juntaron varias cosas, como ya tener arriba la experiencia de haber pasado por la escritura de Que vuelva la celeste de antes y tener ya incorporados ciertos hábitos de trabajo; así como los plazos en los que se quería lanzar el libro. En el primero, estaba esa incertidumbre de no saber a lo que me enfrentaba, en el segundo una suerte de auto presión de que estuviera a cierta altura.

¿Qué satisfacciones y sorpresas te ha deparado la publicación de Que vuelva la celeste de antes?

Muchas, la primera es la de uno mismo con lo hecho. Después viene esa satisfacción impagable de recibir devoluciones de gente que no conocés, incluso de otros países. En cuanto a sorpresas, vienen siempre por el lado de ver hasta dónde y hasta a quiénes podés llegar con tu trabajo. Hubo dos que destacaría: una, que me escribiera un profesor uruguayo que vive en Francia hace 30 años para decirme que lo había leído y lo iba a mencionar en su ponencia sobre la nación uruguaya y su vínculo con el balón en un coloquio sobre nacionalismo y virilidad en la Universidad de Nantes. La otra, cuando me llegó un video de la exposición de un semiólogo italiano que vino a la FIC a dar una conferencia sobre Artigas y en un momento mencionó el tema del tatuaje de Pablo García y leyó un pasaje del libro. Veremos qué depara ahora Segunda vuelta obdulista.

¿Como ves la movida esa de combinar el deporte con la literatura? Hay un cierto boom, ¿no?

Es probable que se haya masificado, sí. El deporte y la literatura tienen el potencial para ser una gran dupla, y aunque hay historia de grandes producciones, en la última década se ha expandido la producción de textos sobre deporte en diferentes géneros: crónicas, biografías, cuentos y hasta poesía. En el deporte conviven un montón de elementos de la vida misma, que lo hacen un tópico ideal para escribir sobre él. En ese sentido, el fútbol también es coherente con su condición del deporte más universal, porque es la disciplina sobre la que más se ha escrito.

¿Cuánto de ficción y realidad hay en las páginas de Que vuelva la celeste de antes respecto a lo que vos crees sobre las selecciones uruguayas de fútbol?

Hay un gran uso de determinados clichés muy instalados en nuestra cultura futbolística y que todos conocen, que por haber quedado en el pasado ya podrían tomarse como una ficción. Sin embargo, pese a que en la realidad tenemos un proceso de selecciones como nunca tuvimos y con el que comulgo absolutamente, la parte de realidad en esas páginas es la de homenaje a todos aquellos que se pusieron la celeste a lo largo de su historia. Entonces, lo de destacar ese carácter improvisado y desorganizado como algo romántico, es la parte de ironía. Justamente es este proceso liderado por Tabárez el que ha permitido trazar una línea imaginaria, poner más de 80 años de selección uruguaya dentro de un todo y hasta poder usar esta contraposición como recurso humorístico.

¿Cómo se labura el humor en el deporte?,¿Qué desafíos implica?

Si tuviera que enmarcar un poco esta cuestión, diría que se trata de intentar retratar y utilizar determinados rasgos como insumos para intentar hacer humor y también tener claro que el humor debe hacer pensar en serio. Existen una serie de códigos populares, que son los que logran la complicidad con el lector en el tono del absurdo o la parodia con el deporte como materia. En el fondo, el desafío a la hora de lograr que funcione pasa por ubicarse en un lugar en el que las dos partes se entiendan. Pasa en la música, como alguna vez dijo Jaime Roos que al hablar sobre temas populares no tenía que esforzarse para lograr complicidad con la gente y también pasa cuando se incursiona en el humor desde lo escrito. Lo dijo Fontanarrosa, que había una coincidencia entre los gustos de mucha gente y los suyos que no se daría si escribiera sobre béisbol, por ejemplo.

¿Cuánto te ha aportado la carrera en la Liccom en este proyecto?

No sé si en este proyecto en particular, pero sin dudas uno está atravesado también por su formación académica. La carrera de Comunicación aporta fundamentalmente una visión crítica, además de proporcionar un espectro bastante amplio de conocimientos sobre diferentes ciencias sociales y su mirada sobre el fenómeno comunicacional. Dentro de eso, el deporte también puede ser mirado en cierto contexto histórico, social, cultural y hasta político. Incluso si se aborda con humor.

¿Cuáles han sido tus fuentes de inspiración a la hora de escribir?

He leído mucha crónica, mucha revista, por ejemplo El Gráfico desde que aprendí a leer. Había grandes cronistas de boxeo y de fútbol en aquellas publicaciones de los años ’80, también me castigaba desde muy chico con las Guambia, Berp, Humor. En casa había de todo eso, pero también unas revistas Selecciones de mi abuelo que aparecieron ahí y también las leía, andaban por ahí Benedetti, Cortázar, Galeano… Siempre me atrajo mucho leer entrevistas, por ejemplo, también biografías, historia, de todo. Pero creo que si tuviera que mencionar a una fuente directa de inspiración, sería Fontanarrosa. Él dijo alguna vez que no soñaba con ser Cortázar, sino con ser Ermindo Onega. Por mi parte, si pudiera escribir como alguien, pediría tener los poderes de Fontanarrosa.

¿Cuáles son las publicaciones deportivas que te gustan y seguís?

Sigo bastante algunas publicaciones españolas sobre fútbol, como Panenka y Líbero; y argentinas, como Don Julio. También hay otras en España que desarrollan crónicas sobre básquetbol, como Skyhook Magazine y después me gusta muchísimo Jotdown, que sin ser exclusivamente de deporte, tiene las mejores entrevistas en profundidad que se pueden encontrar. En Uruguay, Túnel viene siguiendo desde hace tiempo esa línea de retratar la identidad del fútbol uruguayo y por ahí se encuentra con lo reducido del mercado.

Segunda vuelta obdulista fue editado por Fin de Siglo, tiene 200 páginas, cuenta con prólogo de Christian Font e ilustraciones de Federico Murro. Se plantea como una continuación de Que vuelva la celeste de antes (2017), en la que la figura de Obdulio Varela y el obdulismo cobran un papel más central. También hay espacio para las crónicas de los partidos de Uruguay en Rusia 2018, tests, rankings, canciones, anécdotas, perfiles y hasta una oda.

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