l   abril 11, 2018   l  

Con Julián Scher, autor de Los Desaparecidos de Racing. «Que la memoria juegue en todas las canchas»





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Aunque haya quienes piensen lo contrario, el fútbol nunca estuvo ajeno a los grandes sucesos que marcan la historia. En Argentina, el libro Los Desaparecidos de Racing (editado por Grupo Editorial Sur), de Julián Scher, cuenta esa relación entre la pelota y los acontecimientos históricos desde las historias de 11 hinchas de Racing que fueron secuestrados y asesinados durante la última dictadura (1976-1983). Sensibilidad, compromiso social y amor por Racing son los ingredientes que forjaron este libro, luego de un proceso de trabajo de dos años que incluyó el testimonio de más de 70 personas. 

“¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios… Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”, dice el famoso diálogo de la película El secreto de sus ojos. De pasión por Racing, de ideales, de historias de vida y de las brutales secuelas de un proceso genocida; habla el sociólogo, periodista e hincha de Racing Julián Scher (Buenos Aires, 1987) en un libro que obtuvo el Premio Estímulo al periodismo joven de Tea y Deportea.

A través de las historias de Alejandro Almeida, Diego Beigbeder, Jorge Caffatti, Álvaro Cárdenas, Jacobo Chester, Dante Guede, Gustavo Juárez, Carlos Krug, Osvaldo Maciel, Roberto Santoro, Miguel Scarpato, todos fanáticos de Racing, Scher explica por qué el fútbol no estuvo ajeno al genocidio, e invita a la memoria sin importar la camiseta.

¿Qué significa hablar de un genocidio poniendo sobre la mesa a la pasión por los colores de un equipo como hilo conductor?

Contar la historia de cualquiera de los 30.000 desaparecidos es, además de un placer para quienes nos gusta contar historias, un acto de justicia en sí mismo porque el genocidio se propuso no sólo aniquilar a una porción relevante de la sociedad argentina sino borrar sus historias y sus identidades. El fútbol, una pertenencia afectiva de enorme potencia en nuestros países, puede entonces resultar una buena excusa para recuperar esas biografías, para construir memoria desde la pasión por la vida y para darle un pequeño cachetazo al relato todavía latente de los genocidas y sus socios sobre el pasado nacional. Los relatos que integran “Los desaparecidos de Racing” buscan un poco eso: reivindicar al amor por una camiseta y al compromiso por la gestación de un mundo más justo como dos de las tantas actividades vitales que hacen que la condición humana sea lo que es.

¿Por qué abordar este tema a partir del fútbol?

Porque el fútbol puede ser una muy buena vía para que más gente –sobre todo, más gente joven- se arrime a entender qué pasó en la Argentina y qué consecuencias de eso que pasó en la Argentina siguen operando en el presente. Máquina impresionante de cautivar multitudes, el fútbol es un espacio de disputa, es una actividad que nos pertenece, y no se me ocurre por qué no usarlo como una manera más de seguir sembrando conciencia en tiempos en los que distintos sectores vienen desplegando en este país una fuerte ofensiva contra la memoria, la verdad y justicia.

¿Cómo podemos vincular al fútbol con la política, para lograr desinstalar la creencia de que el deporte está descolgado del resto de las cosas que pasan en una sociedad?

Creo que primero es necesario estudiar el proceso que permitió que se instalara en el sentido común un discurso que desvincula al deporte y al fútbol de la política. Pensar por qué fue posible que el apoliticismo deportivo, esa visión que promueve una ruptura voluntaria y arbitraria entre esferas que desde siempre estuvieron relacionadas, se impusiera como noción dominante. Desarmar las razones que sostienen al apoliticismo deportivo es el primer paso de un trabajo que implica necesariamente construir nuevos argumentos para explicar por qué no sólo es posible sino necesario estudiar y pensar el lazo que une a dos cuestiones tan fundamentales para estas sociedades como son el fútbol y la política.

Contaste en algunas entrevistas que sentías que el fútbol tenía un debe como herramienta de construcción de memoria, verdad y justicia (entendiendo que tiene tanto peso en nuestras culturas como el cine, la literatura o el teatro; que sí han contribuido en ese aspecto). ¿Cómo evaluarías hoy, después de varios meses de que el libro esté en la calle y en la agenda, que contribuyó en ese sentido?

Creo que el fútbol, dada la potencialidad que tiene para producir impactos simbólicos, podría haber contribuido más de lo que lo que hizo a una cuestión determinante para la construcción de una sociedad democrática. Con esto quiero decir que es imposible construir una sociedad democrática mientras haya impunidad, mientras haya genocidas caminando libres por la calle. Pienso que el libro hizo un pequeño aporte en este sentido que se inscribe en un escenario en el que, al menos en Argentina, los clubes vienen participando mucho más activamente que antes en la producción de discursos que defiendan la consigna tan particular del proceso post dictatorial de este país: memoria, verdad y justicia.

¿Qué sentís cuando las hinchadas hablan de «dar la vida por los colores»? ¿Qué tanto paralelismo puede tener la pasión por un club con las ideas políticas?

No estoy muy de acuerdo con esa interpretación de “dar la vida”. Creo que las pasiones nos impulsan a vivir y a comprometernos y a desplegar múltiples involucramientos. Puede ser con un club de fútbol, puede ser con una organización política, puede ser con muchas otras cosas. Pero ninguno de los 30.000 desaparecidos dio la vida: el genocidio se las arrancó cuando soñaban con goles, con asados y con dar batalla contra un orden social tremendamente injusto. Creo que los hinchas no damos la vida por los colores, sino que construimos nuestras vidas empujados por el amor hacia esos colores.

En el libro hay historias como la de Alejandro Almeida o la del poeta Roberto Santoro, entre otras de gente no tan conocida. ¿Cuál de todas te sensibilizó más?

Es difícil quedarse con una historia porque el propio proceso de investigación hizo que me involucrara con todas en la medida en la que iba conversando con amigos, con familiares y con compañeros de cada uno de los hinchas de Racing desaparecidos. Creo que podría destacar pequeñas historias dentro de cada una de las historias. Alejandro Almeida, el hijo de Taty Almeida, emblema de Madres de Plaza de Mayo, fue protagonista, por contar sólo un ejemplo, de una anécdota de fanatismo increíble: junto a su hermano, compraron una gallina viva, la tuvieron dos días encerrada en un departamento y la llevaron el domingo a la cancha para con la idea de cargar a los de River –a River le decían gallina desde que perdió la final de la Copa Libertadores de 1966 ante Peñarol-. Militante, hijo, hermano, poeta, estudiante de medicina y aceptable jugador de fútbol, Alejandro siempre se hizo el tiempo para estar pendiente del club de sus amores.

¿Hubo algún avance en Racing como institución en cuanto a reconocer a sus socios e hinchas como víctimas de un genocidio? ¿En otros clubes?

No especialmente. No podría decir que el club desarrolló políticas activas y sistemáticas en torno a la memoria, a la verdad y a la justicia. Sí sucedió que muchos hinchas y muchos socios se interesaron por el tema a partir de estas historias y que se hicieron algunas presentaciones en el club. Pero no hubo todavía –ojalá lo haya pronto- un homenaje a los hinchas y a los socios que fueron víctimas del genocidio. De a poco, en otros clubes van sucediendo cosas interesantes. Y, además, en este tiempo se conformó la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino, que aglutina a hinchas y a socios de diferentes clubes que apuntan a que el fútbol sirva como herramienta para contribuir a esta pelea.

¿Pensás que poner estas historias en el papel, es una revancha para el fútbol como constructor de memoria?

Diría que más bien son una revancha al proyecto genocida que pretendió y, de alguna manera, sigue pretendiendo borrar de nuestra memoria las vidas de quienes, con aciertos y con errores, desde diferentes perspectivas ideológicas y políticas, intentaron construir una sociedad justa. El fútbol es un espacio que, más allá de las victorias y de las derrotas, está ligado a la felicidad y, por lo tanto, es una gran forma para reivindicar la vida.

Le estás dando una mano a periodistas que quieren contar las historias de desaparecidos de otros clubes, ¿Qué pensás que se puede seguir haciendo con el fútbol en otros ámbitos de la sociedad?

Muchas cosas. Es cierto que ya hay hinchas y socios de otros clubes que están empezando a investigar las historias de los hinchas y de los socios de sus clubes que están desaparecidos. Lo siento como una gran alegría porque es la certificación de que los goles y las camisetas y los partidos pueden funcionar como una patada contra el olvido. Se me ocurre que las iniciativas puntuales pueden ser variadas. Dependerá de la imaginación de cada club. Lo importante es que vayan en el sentido de contribuir a que la memoria juegue en todas las canchas.

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