l   junio 4, 2018   l   ,

Rusia 2018 Mauricio Pereyra, un ruso más





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Con el mate y el termo bajo el brazo está en casa. El edificio de Malvín nos recibe mientras Mauricio le ceba un mate al portero. Así es él: tranquilo, casero y alegre. Ese mismo mate es el que ameniza la charla. Habla y está seguro. La mirada atenta y los ojos serenos. Hace unos días terminó el campeonato ruso y se vino volando a Uruguay, lo que más disfruta. En unas semanas partirá a Krasnodar, una ciudad ubicada en el sur de Rusia, para sumarse a la pretemporada de su equipo, así que está sacándole jugo a todo.

De las juveniles tricolores el volante llegó a los más grandes y levantó dos títulos uruguayos en 2008-2009 y 2009-2010. Pasó por la selección sub-20 que dirigió Diego Aguirre en 2009, con sudamericano en Venezuela. Luego vino el Mundial en Egipto, donde Uruguay cayó eliminado con Brasil en cuartos de final. En esa camada andaba Tabaré Viudez, Gastón Ramírez, Abel Hernández, Nicolás Lodeiro, Jonathan Urretaviscaya, Sebastián Coates, Santiago García y Martín Campaña, entre otros. Después pasó Lanús y su buena campaña con los granates lo hizo llegar al FC Krasnodar, donde está hoy.

Desde 2013 te perdimos el rastro cuando viajás a jugar en Rusia, ¿cómo se dio eso?

Fue un poco de los pelos. Estaba la posibilidad de ir a Rusia en enero de 2013. Llevaron la oferta a Lanús y dijeron que negociando se iba a llegar a un número. Fue una negociación de un mes. Dos días antes de ir allá dije que no quería ir porque no tenía ni idea lo que era. Ya había ido a Kazán a una prueba y no me había gustado mucho. Yo no tenía ni idea de Krasnodar, de idea tenés Moscú, San Petersburgo. Fui a la Embajada de Rusia en Argentina para hacer los papeles y le pregunté a alguien que estaba ahí si había shopping (ríe). Me dijo que había como seis o siete, que era grande, y que había muchas fábricas y negocios.

¿Por qué se animaron a ir vos con tu esposa?

Decidimos ir con mi mujer con nuestro primer hijo de siete meses, para que el cambio no fuera tan brusco. Llegamos a un lugar espectacular, un club sin palabras. La ciudad es una más dentro de Rusia. Yo comparo con Gonzalo Bueno, que estaba en la misma ciudad, pero su club tenía otra realidad. A veces hay que tener suerte. Llegué a un lugar que era de primer nivel mundial. Hoy con mi hijo de siete años no sé si tomo la decisión de ir a un lugar así.

¿Con qué te encontraste ahí?

Me encontré al que me había llevado -el presidente-, que es dueño del club y de 2.000 supermercados. Es uno de los más ricos de Rusia. Yo de eso no tenía ni idea, de la dimensión de esa persona. Cuando llegué estaba pensando en algunas cosas, y te las solucionan enseguida. Ese que es el presidente se encargó de todo, y teníamos un traductor todo el tiempo con nosotros e iba conmigo a la cancha, hasta ahora lo tengo. Si íbamos al shopping se arrimaba, o por teléfono. Los primeros dos o tres meses fueron duros por el cambio. Nunca tuvimos nada de qué quejarnos. Ni yo en lo personal porque tenía todo, ni mi familia. Es el clima ideal para trabajar. Te descoloca un poco porque no tenía ni idea lo que era Krasnodar.

¿Cómo llegó ese presidente a vos?

Supuestamente estaba en su casa corriendo, mirando un partido de Lanús y dijo que le gustaba. Mandó a que me siguieran y me fueron a buscar. Hasta hoy, el club tiene diez años de su fundación, y el único jugador que llevó el presidente fue a mí. Tenés un poco de respaldo en eso. Él una vez me preguntó si sabía quién me había llevado, para mostrar que no fue ningún empresario ni ojeador. Le dije que creía que había sido él, y me lo confirmó. Le agradecí (ríe). ¿Qué le voy a decir? Es una persona que está despegada, te da todo, pero luego te exige.

¿Qué fue lo más complicado cuando llegaste?

Lo que más costó fue el idioma. Tienen otro alfabeto entonces cuando leés no entendés nada. Ellos no hablan nada de inglés. A veces llegábamos a locales y hablábamos en inglés y nos miraban raro. Yo hablo ruso, entiendo bastante. Todos los años vengo mejorando. Ya me manejo solo. El traductor nos hacía de profesor porque nos lo exigían. Hay muchas expresiones que se usan, entonces iba preguntando. Fue un poco a lo indio, pero haciéndome entender. Mi esposa con palabras sueltas se maneja bien.

¿En el plantel cómo te manejabas?

En el plantel había brasileros y un portugués, yo ni siquiera entendía. Me acerqué a ellos. De a poco fui entendiendo y ahora hablo en portugués, ruso e inglés, porque me junto con suecos, noruegos. Entre los que no hablamos muy bien inglés nos comunicamos a lo indio, y nos entendemos. Lo más difícil fue no tener a nadie que hablara español. En el fútbol hay un idioma universal. Fue entrar a la cancha y el traductor me dijo lo que quería que hiciera el entrenador.

¿Y qué quería?

Nosotros jugamos 4-3-3 y yo juego de 8 o de 10, indistintamente. Él me pedía que llegara al área y que todas las pelotas pasaran por esa posición para crear juego. En defensa también que hiciera todo el recorrido, y en caso de no llegar a cubrir la posición que me quedara con el 5 de ellos y que los otros dos armaran otro doble 5 y yo quedara más adelante. Luego me daba libertad, eso está bueno. Tuve cuatro entrenadores acá y todos me dieron libertad, no hubo ninguno duro y estricto. Salvo en defensa o en lo táctico.

¿Ellos cómo juegan?

Los rusos son todos físicos, entonces la diferencia la hacés con la técnica. Son fuertes, son grandes, son como robots. A mí al principio me hacían hacer alguna cosa extra, pero sabían cuáles eran mis características. Me compraron por ser distinto. Si yo quedaba más robótico pasaba a ser uno más y no me diferenciaba. Siempre me pedían la diferencia con la pelota. Empecé a patear todas las pelotas quietas, y luego muchas pasaban por mí. Hay algunos que son buenos, como Smólov, el 9 de la selección. Cuando llegó a Krasnodar se fue afianzando y es el goleador de la temporada. Le dieron libertad y un lugar.

Los rusos tienen un plus: se cotizan mucho dentro del mercado ruso. Tienen que jugar obligatoriamente cinco rusos por equipo, entonces los mejores adquieren un valor de mercado que no es real. Quizá hay jugadores rusos que cobran como Salah en Liverpool, con una diferencia futbolística abismal. El ruso corre, lucha, quizá parecido al uruguayo, pero más físico que de entrega. El uruguayo lo lleva adentro, y tiene convicción. El juego de ellos es fuerte.

¿Y vos qué diferencia aportás?

Los extranjeros que juegan están porque buscan algo distinto. Yo de distinto es que juego a un toque, y ellos no tienen la técnica para jugar a un toque y lo hacen a dos. Me destaco por pases filtrados. Ahora estamos con dos volantes y juego de diez, Hoy jugamos 4-2-1-3, a la hora de marcar voy con el 5 de ellos. Yendo un poco al Mundial creo que Rusia como selección no está tan afianzada, mismo porque su liga no lo está y no es tan vistosa.

¿Los hinchas rusos cómo son?

Hay de todo. Por ejemplo en mi ciudad al principio no iba nadie, era un equipo nuevo. Ahora hicieron un estadio, para 35.000 personas, que creo que es el mejor de Rusia, con una pantalla gigante. El estadio atrajo y los resultados acompañan. Hay precios accesibles. Los últimos partidos han sido a cancha llena, y para nuestro equipo es muchísimo. Obviamente en Argentina o Uruguay jugás con más público. Luego están los grandes: Spartak y Zenit, que te llevan hinchas a todos lados. Son más bien seguidores, estilo hooligan.

¿Y de esos hooligan ves muchos?

Es algo que se viene erradicando. En nuestro club había una mini barra brava y nuestro presidente los echó, les dijo que era para la familia y que no quería problemas. Por eso digo que está despegado, él solo en su estadio fue y lo acomodó. Estuvieron seis meses sin venir y ahora volvieron, pero solo alentando. Cuando voy a otras canchas se ven hooligan, pero no es Latinoamérica. Te pueden putear pero no te tiran nada. Está muy controlado porque han tenido muchos problemas. Para el campeonato ruso están controlados, pero cuando viaja la selección o salen de Europa no, son pesados.

¿Cómo manejás el tema de tener que recorrer distancias largas para jugar?

Viajamos en avión privado, la gran mayoría de los equipos tiene su avión. El penúltimo partido me pasó de viajar diez horas para jugar contra un equipo muy cerca de Japón, ¡había seis horas de diferencia horaria! Por suerte ese equipo descendió (ríe), se llama C SKA-Jabarovsk. Salimos a la mañana, llegamos a la noche, que ya era madrugada de ahí, nos despertamos a nuestra mañana y ya era la tarde de ese lugar. El cambio de horario con el sol nos influyó. Fue lo peor que me tocó jugar a nivel de distancia. Llama la atención porque el viaje es en avión, es jodido viajar diez horas. Es casi como ir de Montevideo a Madrid.

A nivel de frío lo peor que me tocó fue en diciembre, que jugamos en Perm con -16º de temperatura. No fue fútbol. Había nieve todo alrededor. Teníamos gorro, bincha, dos térmicas, dos guantes, una plantilla en el pie que te lo calienta, pero incluso se congelaba. Eso era tratar de sobrevivir al partido y llegar a los 90 minutos, no entrás nunca en calor. Supuestamente el límite para no jugar es de -20º en Rusia.

El Mundial en casa

Estando ahí parece difícil no ir a ver a la celeste, pero se complica. Las distancias no son tan cortas y los entrenamientos apremian. Mauricio está contento de lo que se viene, pero sabe que no será fácil ir a alentar a Uruguay. Tiene previsto hacer el intento para ir a ver el segundo partido ante Arabia Saudita en Rostov, que está a unos 1.500 km de su ciudad, pero no es seguro.

Uruguay enfrentará a los locales en Samara como cierre del grupo A el 25 de junio. El delantero de la selección rusa, Fiódor Smólov, es compañero de Mauricio en Krasnodar, y obviamente las bromas abundan. “Le digo que no tiene chance con nuestros defensas, él lo sabe”. La tranquilidad de Krasnodar, una ciudad llena de negocios y empresas, hace que se sienta tranquilo, aunque a veces el día a día puede llegar a ser un poco cansador por el idioma.

¿Viste movimiento del Mundial?

En mi ciudad no se ve mucho movimiento, quizá porque no es sede. Incluso en Moscú vi una gran desorganización. Están cerrados con el tema del idioma, son muy nacionalistas. Hay mucho de que yo hablo ruso, y no me importa si no entendés. Pienso que van a acomodar eso y van a estar más organizados. Deberían. Hay un poco de desorganización a nivel de ciudades, que deberían mejorar. Después todo está bien. Los estadios están bárbaros, los hoteles son muy buenos, las carreteras, autopistas. Moscú es un lío, pero a nivel mundial lo es. No es por un tema del Mundial. La gente va a seguir trabajando y yendo en su auto y eso se va a mezclar. Tienen mucha locomoción, trenes, subtes.

¿Cómo ves a la selección rusa? ¿La apoyan?

La selección rusa no tiene apoyo, ha perdido mucha credibilidad por malos rendimientos. A cualquier que le preguntás te dicen que no pasa el grupo. Quizá era como Uruguay hace más de diez años. Se festeja si ganan, y si no, no pasa nada. Además es una selección que no ha ganado nada. Clasificó de suerte a la Eurocopa, tuvieron problemas con algunos jugadores por indisciplina. No la quieren mucho. La van a apoyar por un tema nacionalista, que son medio chovinistas, y son locales. Ellos creen que Rusia está por encima de los demás, a nivel militar apoyan todo. Putin es intocable, es el mejor país, según ellos. Todo el mundo quiere que gane Rusia por el país, no por la selección. Hay un enorme recambio con jugadores que nunca jugaron en la selección. No como acá que tenemos una columna vertebral.

¿Cómo te llevás con Smólov?

Tengo muy buena relación, excede lo ruso. Es culto y habla perfecto inglés. Le encantan las luces de todo. El mejor auto, la mejor casa, el mejor lugar. Los rusos son un poco así, y por eso tienen como cierto rechazo por parte de la gente. Nosotros hablamos de Suárez y sabemos que ganó todo, que tiene todo, y que es un perfil bajo. Por eso nos sentimos identificados y lo queremos. Pero como persona, Smólov, es muy bueno.

¿Qué tiene que atender Uruguay de él?

Es completo. Tiene todo para complicar, salvo que no le salgan dos o tres y se bloquee, entonces es todo lo contrario. Agarra una pelota y se quiere eludir a cinco y patear, o patea desde 40 metros. Es muy inestable mentalmente. Si agarra dos o tres y las juega bien es a tener en cuenta. Con la derecha patea muy fuerte, tiene una bomba. Es rápido, potente, alto. No es muy agresivo mano a mano. Yo le digo que Godín y Josema lo van a partir al medio. Él se reía, sabe cómo juegan, va preparado mentalmente para eso, sabe con quién se va a enfrentar. En Rusia lo dejan tomar la pelota y girar, y con Uruguay no va a tener chance.

¿Pensás que Rusia podrá con Uruguay?

Rusia no va a generar peligro para Uruguay. Pero el fútbol son 90 minutos y puede pasar cualquier cosa. Yo creo que no tiene chance ni siquiera de empate, Uruguay está dos goles arriba, fácil. Capaz Uruguay llega clasificado y Rusia buscando clasificar, y se da otra cosa. Mi análisis personal, comparando las dos selecciones, procesos y cómo vienen jugando, es claro que no tienen chance. Puede pasar que Rusia te hace un gol y se te mete todo atrás. Por ejemplo en Europa League le ganamos al Borussia Dortmund 1-0 de local. Tuvieron el 85% de la posesión, generaron 25 chances, pero a los 30 segundos me hicieron un penal, hicimos el gol y ganamos. Si jugamos 100 partidos solo ganamos ese.

¿Qué saben ellos de nuestra selección?

Ellos conocen a Giménez y a Godín, a Suárez, Cavani, y Muslera. Si les nombrás algún otro y les decís donde juega lo tienen. A veces me preguntan quién juega en el medio, de dónde son, y les explico. Ellos nos ven como el rival a vencer. Piensan que ellos deben pelear el segundo puesto con Egipto, entonces deben sacarle un punto a Uruguay y no les caería mal. Ellos piensan que si Uruguay gana los dos partidos tienen que empatar con Uruguay para tener una chance, con pasar de fase cumplen.

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