l   agosto 4, 2016   l  

Más que fútbol La violeta de todos





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A mediados de los años 80, había una publicidad (creo que de Radio Montecarlo) en la que se repasaban diferentes años, uno detrás del otro, con una ilustración asociada a un hecho histórico. Recuerdo que la primera vez que la vi, esperé ansioso a que llegara el año 1976, “mi” año. Grande fue mi sorpresa cuando vi el mensaje que rezaba “Defensor campeón”. Fue la primera vez que tuve referencias de la gesta que Santiago Díaz comparte en Una vuelta a la historia, el libro sobre el Defensor del 76 que es bastante más que un libro sobre el Defensor del 76.

“El hecho de que el libro contara con el componente político-social fue lo que más me cautivó”, explica el autor respecto al proyecto que llegó a sus manos a través de Joaquín Otero, de Ediciones B. En un mercado editorial deprimido como el nuestro, pero en el que proliferan los libros de fútbol, editar un libro sobre una campaña de hace 40 años de un club que no destaca por la cantidad de seguidores, parece una apuesta arriesgada. Sin embargo, ya desde su tapa el libro nos promete ir más allá de pelotas que entran o pegan en los palos.

El libro, además de repasar la campaña partido a partido, brinda un panorama de la realidad que se respiraba en la región, fundamentalmente a ambos márgenes del Río de la Plata, a través de portadas y títulos de El Día, diario que Díaz identificó como el más fiable de todos los que contaban con el aval de la dictadura. A veces cuesta identificar dónde está puesto el eje, si en el fútbol o en la política, y esa no deja de ser una fortaleza. Los testimonios de protagonistas directos e indirectos de la conquista nos permiten percibir el sinfín de posibilidades de vivirla, desde el que gritó desaforadamente en la tribuna, pasando por el que se quedó en su casa para evitar ser buchoneado por un ex compañero de partido, hasta el que –en pleno exilio– se enteró casi que de casualidad y tuvo que someterse a prueba para demostrar su condición de hincha verdadero y no oportunista. La capacidad del fútbol para estrechar lazos de todo tipo está puesta de manifiesto en cada una de las historias de vida reflejadas en sus páginas.

Más que fútbol

De movida, el autor plantea una hipótesis: la campaña de aquel Defensor dirigido por el Profesor De León fue algo más que una simple campaña deportiva exitosa. Fue algo así como un grito en el desierto de libertades dado por el Uruguay de la última dictadura, una revolución silenciosa que perpetraba sus actos sediciosos domingo a domingo con una pelota de por medio, ante el poder hegemónico representado por los equipos grandes, que se habían repartido a partes casi iguales los campeonatos profesionales disputados entre 1932 y 1975.

defensor 1976 vuelta olimpica al reves¿Qué tuvo esa campaña de especial? ¿Qué la diferenció de la de otros equipos humildes campeones, caso Central Español en el 84, Progreso en el 89 o Bella Vista en el 90? “Me parece evidente –señala el autor– que mucha gente tomó en ese momento a ese equipo como un símbolo de resistencia y creo que eso se aprecia en la cantidad de gente que acompañaba a Defensor. No sé si alguna vez se repitió algo así. Yo viví todos los siguientes títulos de Defensor y jamás llevó tanta gente, ni de cerca. Creo que tampoco pasó eso con los otros cuadros chicos que lograron títulos. Ese Defensor llenaba todas la canchas y no solo en las últimas tres fechas, sino ya desde el la primera rueda. Era un chico que podía lograr algo grande, el statu quo amenazado, el desafío al poder, la posibilidad de cambiar la historia”.

Para llevarla adelante, Defensor necesitó un líder (el técnico De León), un grupo unido (“comunidad”, según la definición de Gerardo Caetano) y una idea: que jugando de la manera propuesta por el técnico, la hazaña era posible. Más o menos lo que propuso Tabárez 30 años después en la selección. Jugando no de la forma más linda posible, sino de la forma que podía derivar en mejores resultados, de acuerdo a las posibilidades del plantel y del entorno.

Del resto se encargó la suerte, eso que en el fútbol a veces se vuelve tan necesario a la hora de marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. “Si Defensor perdía ese título en esas condiciones, hubiera sido un bajón imponente para toda esa gente que había visto esa campaña con esperanza. En lugar de una bocanada de aire, hubiera sido un poco más de oscuridad, en todos los sentidos” explica Santiago, que es un hincha de Defensor de los genuinos, de los que nunca manejaron otra posibilidad, de los que disfrutan cuando los grandes pierden ante un cuadro chico, cualquiera sea.

El líder

De todas las personalidades que pasan por las páginas de Una vuelta a la historia, la del técnico José Ricardo De León es la que más cautivó al autor. “La figura de De León tal vez sea lo más fuerte. La capacidad que tenía para liderar y convencer es increíble. Sus jugadores lo admiraban hasta límites insospechados y eran capaces de matarse por él” explica Díaz, que parece identificar el origen de la comunidad.

La comunidad

“Todos estaban dispuestos a darse una mano. Estaban todos muy integrados, incluso a nivel familiar. ¡Y eso se nota hasta el día de hoy! Clavijo es compadre de Rudy, Beethoven de Tato Ortiz, y lo mismo pasa con las mujeres de Pichu y Pedro Álvarez. Es decir, son lazos que se han mantenido con el tiempo. Creo que ahí estuvo también parte del éxito” arriesga Díaz.

Defensor no era un “plantel de comunistas” pero sí lo eran dos de sus principales líderes (De León y Grafigna), en un momento en el que –desarticulados los tupamaros– la persecución militar se orientó hacia los comunistas. Sin embargo, dos de los jugadores más influyentes no lo eran: Cubilla era ferviente admirador de Pacheco Areco, en tanto Santelli –a quien no le gusta hablar de política– había pasado por la armada y a ella volvió tras su tempranero retiro. Se necesitaba de algo más que una idea política para generar unión entre hombres que, a la hora de votar, cuando pudieran hacerlo, retirarían sus listas de pilas diferentes. Y De León logró al convencerlos de que la gloria era posible. Rara vez hablaba de política, sabía que su revolución pasaba por otro lado.

La idea

El discurso de los hinchas de cuadro grande, generalmente preocupados exclusivamente por la historia propia y la del tradicional rival, no incluye mayores referencias a los ribetes políticos de la campaña de ese Defensor. En general, apenas si se lo recuerda como un equipo que jugaba “sucio”, que hacía tiempo, y que salió campeón porque aprovechó un momento complicado de Nacional y Peñarol. La cantidad de expulsados registrada por los violetas en ese torneo, y su tendencia a ganar los partidos por apenas 1 gol, podrían dar cierto crédito a esa visión. Apenas si recuerdan que Defensor dio la vuelta olímpica al revés, pero no todos ven en ello un guiño político, más bien tienden a creer que fue un “mirá qué distintos somos” o hasta el producto de la falta de costumbre.

57962194b1b5dSin embargo, el libro evidencia que aquel equipo tuvo componentes que lo hacen único y que trascienden el logro estadístico (muchos equipos mediocres, antes y después, conseguirían ser campeones uruguayos). De León instauró una forma de jugar al fútbol que fue denostada durante décadas, pero que bien podría hallar paralelismos directos en la selección uruguaya que más satisfacciones nos ha dado en la era pos Maracaná (la actual).

“Desde el punto de vista estrictamente futbolístico, creo que ha sido infravalorado”, acota Díaz sobre el aporte del Profe De León al fútbol. “Fue un adelantado desde el punto de vista táctico y fue uno de los entrenadores más influyentes para el Uruguay y la región. Lo que significó para el fútbol colombiano es impactante y lo mismo podría decir de su influencia para la evolución táctica. Hay quienes dicen que fue el primero que usó el actual 4-2-3-1”, reflexiona.

Los efectos

No hace falta ser hincha de Defensor para entender lo bien que le hizo esa campaña al fútbol uruguayo. Uno de las principales causas del éxito masivo del deporte de competición, y en particular del fútbol, es su imprevisibilidad: la posibilidad latente de que el poderoso caiga derrotado ante el débil (ejemplos hay mil solo en los últimos tres meses) provoca que ver un partido Islandia – Inglaterra sea mucho más entretenido que ver una carrera entre Usain Bolt y Joe Bizera. La victoria violeta introdujo una nueva variable en el ya deficitario fútbol profesional uruguayo: la posibilidad de que Nacional y Peñarol no salieran campeones.

¿Qué hubiera pasado si en la última fecha se producía lo previsto cada vez que un equipo chico asoma la cabeza por arriba de los demás, y perdía? “Defensor sería otro club, porque lo del 76 fue muy importante en la construcción de su identidad. El fútbol uruguayo sería otro, porque esa primera vez marcó el camino que luego aprovecharon otros. Y nadie puede saber la influencia que hubiera tenido en ese sentido si Defensor perdía ese título en esas condiciones. Tal vez el razonamiento hubiera sido el de ‘ta, no se puede’, en lugar del ‘si ellos pudieron, nosotros también’”, proyecta el autor.

En momentos en los que las asimetrías del fútbol uruguayo parecen profundizarse (Nacional y Peñarol han ganado 6 de los últimos 7 torneos, 3 cada uno), quizás quepa cuestionarse si el sistema no haría bien en fomentar la irrupción de nuevos Defensores del 76 que pongan a prueba a nuestros equipos más representativos, de cara a objetivos más grandes y más acordes a esas riquísimas historias internacionales que ya empiezan a acumular telarañas. Aunque suene paradójico, perder algo hoy nos puede ayudar a ganar algo mucho mejor mañana. El acostumbramiento es enemigo del progreso.

Formas de generas más equidad hay muchas: redistribuir la torta televisiva en favor de los menos agraciados, fijar topes salariales, quebrar con la costumbre de que Peñarol y Nacional jueguen de visitante en el Centenario y comiencen a conocer otros barrios, etcétera.

El libro

Pese a su generosa extensión (unas 300 páginas), el libro tiene una estructura de capítulos cortos que se entrelazan, usando al fútbol como hilo conductor para contar qué se vivía en aquel país que comenzaba a transitar su cuarto año de dictadura, y viceversa. Acerca del resultado final, Díaz es categórico: “estoy súper contento, sobre todo porque el libro salió bastante parecido a lo que me había imaginado. Estoy conforme con el libro que se publicó. Es lindo encarar un desafío nuevo, que ya de por sí te asusta y te agobia un poco, y quedar conforme. Es una linda sensación”.

Para el hincha nacido en 1977 fue una forma original de vivir la campaña más gloriosa del club, esa que todo hincha violeta quisiera haber vivido, algo así como la versión Punta Carretas del Nacional del 41 o del Peñarol del 49. Sin embargo, Díaz –que vivió los otros tres campeonatos uruguayos ganados por Defensor en 1987, 1991 y 2008– no lamenta haberse perdido el primero. “El 85 y 86, yo tenía 8 y 9 años, y la verdad es que el club estaba cerca del descenso, así que yo jamás pensé que iba a vivir tres títulos más, ni que hablar de pelear en la Libertadores, como pasó varias veces en los últimos años. En líneas generales, estoy feliz con lo que viví y fui tan feliz en esos tres títulos que mencionaste que no tendría corazón como para deshacerme de uno. Sería como desarmar mi historia, en cierto punto”, concluye.

Los hinchas con memoria son los mejores del mundo. Y qué mejor que este libro para alimentarla.

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