l   noviembre 27, 2018   l  

Final Libertadores 2018 En la ciudad de la furia





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River Plate y Boca Juniors no pudieron disputar la final de la Copa Libertadores. Argentina demostró no estar preparada culturalmente

Era el todo, y fue nada. Un país en vilo y una ciudad paralizada. Toda la manija que se generó hace semanas pegó duro, y mal. Argentina se agrandó, se confundió, y la bola fue tan grande que los superó. Era un partido de fútbol, un juego, una fiesta, pero se transformó en un problema, en un bochorno y en una mecha que estuvo a nada de explotar del todo. Estaba ahí, latente, encendida, con miles de interrogantes y misterios, pero no pasó. El partido más trascendente de su historia, su final del mundo, su hegemonía, todo lo rompieron.

Llegué a Buenos Aires entusiasmado, con ansias y dudas. El clima desde el viernes, un día previo a la final, ya era de manija. En las calles reinaba el mundo de la publicidad, entre carteles en vía pública, el subte y los colectivos, todos apuntaban a la gran final. Llegar al Antonio Vespucio Liberti para retirar la acreditación de prensa fue disfrutable. En las inmediaciones de la cancha muchos hinchas curiosos se arrimaban, algunos ingresaban al museo del club y otros iban a retirar su entrada. En la calle, claro, te ofrecían una entrada de reventa como mínimo a $35.000 argentinos, o más. Pero el camino siguió, ingresé al predio a retirar la acreditación entre los periodistas del mundo. De paso, aproveché y recorrí las instalaciones de la cancha. Sofisticadas con un gran museo, canchas de tenis, básquetbol, gimnasia artística, piscinas y hasta un colegio. De otro nivel.

Que no pare la fiesta

El sábado era el día. El centro de Buenos Aires tenía un enorme movimiento y las ganas brotaban por doquier. El colorido de una ciudad que no duerme estaba a flor de piel. Los hinchas de River Plate, que iban a tener el privilegio de ser los locales, eran los que más se veían. Los de Boca, que dos días antes habían superpoblado su cancha en una práctica para despedir al plantel, se hacían sentir en el hotel donde su equipo concentraba. El camino se veía.

Llegar a Núñez el día de la final sí fue complicado. El taxi que me llevó no estaba muy convencido, pero se animó. Me dejó a varias cuadras de la cancha, y la marea de hinchas de River Plate copaba absolutamente todo. Eran las 13:00 y recién se habían abierto las puertas para el ingreso, pero todo ya estaba repleto. Los hinchas caminaban en varias direcciones, las opciones eran llegar a la tribuna Centenario, Belgrano, Sivori o San Martín entre la muchedumbre y las indicaciones que habían marcadas. No había grandes controles policiales, salvo hasta llegar a la zona de exclusión.

Mi objetivo era llegar a Libertador para tomar Udaondo e ingresar por la tribuna Belgrano a la zona de prensa. Me apelotoné entre los hinchas, con mochila hacia adelante, y llegué al primer control policial. Un control que simplemente buscaba aguantar a los hinchas, pero que no registraba lo que traían ni si tenían entradas. Se me complicó, pintó avalancha y quedé metido entre la gente empujando y la policía, que me aguantaba con su escudo y me miraba. Cuando se calmó todo, pude pasar. Desde ahí los controles comenzaban a ser más estrictos, entrada en mano, documento de identidad y revisión. Se notaba que había muchos hinchas sin entrada, que igual estaban ahí a ver cómo podían ingresar, y vaya que lo hicieron. El clima era tenso, muy tenso.

Con tres horas de anticipación ingresé a la cancha. Me ubiqué en mi sitio y comencé a vivir la fiesta. Los periodistas del mundo estaban en vilo mientras el Monumental comenzaba a poblarse. El juego era cómo se iban a parar ambos equipos. Tanto Marcelo Gallardo como Guillermo Barros Schelotto habían probado alternativas en la semana, pero era un misterio lo que podían ofrecer. Leyendo y analizando, mis alternativas eran dos equipos muy similares a los que habían estado en el partido de ida. Los millonarios con: Armani; Martínez Quarta, Maidana y Pinola; Montiel, Fernández, Palacios y Casco; Martínez y Pratto. Los xeneizes con Andrada; Buffarini, Izquierdoz, Magallán y Olaza; Nández, Barrios, Pérez y Almendra; Villa y Ábila.

La argentinidad al palo

La historia es conocida y las dudas de lo que pasó, o por qué, es lo que surge. Están los videos y las imágenes hablan. Mientras todo sucedió afuera, adentro nos fuimos enterando por los medios lo que sucedía, aunque a muchos no les llegaba nada por la saturación de las redes de celulares. Tras el ataque al micro que transportaba a Boca Juniors arrancó la represión y se cerraron las puertas de la cancha. Aun aquellos que tenían su ticket no podían ingresar. Comenzaron las corridas, las pedradas y todo se volvió peligroso. Surgieron las suspicacias de por qué la zona por la que ingresaba Boca Juniors estaba liberada (Libertador y Quinteros), si jamás eso había pasado. Algunos creen que no es casualidad el allanamiento el día anterior en San Miguel y Villa Devoto. En la casa de uno de los referentes de  Los Borrachos del Tablón, Héctor “Caverna” Godoy, la policía incautó 300 entradas -que luego se comprobó eran originales-, más de diez millones de pesos y US$ 15 mil. Esto habría sido por una información que brindó la segunda línea de la hinchada, para evitar que este grupo fuera. La acusación es que estos hinchas que se iban a quedar afuera hayan generado los incidentes.

Mientras esto ocurría varios jugadores de Boca Juniors estaban completamente afectados, sobre todo por el gas pimienta que arrojó la policía para disuadir a quienes arrojaban de todo al micro, pero el remedio se volvió enfermedad. Las horas pasaban, se acercaba la hora del partido y comenzó el show de CONMEBOL. Primero una postergación oficial para las 18:00, luego para 19:15. ¿Los jugadores que estaban afectados se iban a mejorar? Nuevamente pecó la irracionalidad y no se puso en foco en los verdaderos protagonistas: los jugadores. Tampoco se respetó a los hinchas y, mucho menos, se los cuidó. El manejo de la Confederación fue pésimo en todo sentido.

El baile terminó y a la salida también se complicó. Algunos oportunistas esperaron a quienes salían del campo y les robaron su entrada. Otros tuvieron que entrar corriendo de nuevo al Monumental para evitar esto, y evadir la represión policial. Ya todo era un bochorno y parecía que no iba a terminar. Salir no fue fácil, conseguir quien te llevara tampoco. Dos horas después de la suspensión del partido pude tomar un vehículo que pedí por mi celular, junto a otros colegas, para llegar, y ver todo lo que se podía venir.

Domingo, total expectativa e incertidumbre. Seguían los malos manejos y las versiones. La CONMEBOL nuevamente obligó y pecó de irrespetuosa con todos. Otra vez el partido iba a las 17:00, aun cuando se sabía que Boca Juniors no lo iba a disputar, o peor aún, solicitaría la suspensión completa del partido. Algo que luego pasó. River Plate abrió las puertas 13:30, sus hinchas ingresaron y varios minutos después debieron retirarse tras enterarse que, otra vez, el partido estaba postergado. Algunos hablaron con Zona Mixta: “Estoy recaliente, es increíble que el fútbol argentino haya llegado a esto. No puede ser lo que hicieron. Hoy está lleno de prefectura, ayer no había nadie. Hace 50 años que Boca Juniors viene a la cancha de River, y jamás liberaron la zona por donde entran. Esto está todo armado por Angelici y Macri, buscaron esto, querían sacar ventaja. No puede ser que hayan pasado el micro por ahí sin haber policías. Querían que pase esto. Este partido Boca nunca lo quiso jugar, sabían que esto iba a pasar, jamás les liberaron la zona. Esto es porque Macri está todo mal con Bullrich (ministra de Seguridad), que no puede manejar un partido de fútbol”.

“Tenemos bronca porque hicimos 1.000 kilometros para llegar. Hay mucha gente que viene desde distintos puntos del país. Un día antes desbaratan a los de la barra, dejan liberada la cancha, ¿te parece que no hay nada armado? Algo raro hay. No perdonan lo del gas pimienta y ahora lo hacen de nuevo. Se quieren quedar con la copa de cualquier forma. Nunca vi lo de ayer y hoy, la CONMEBOL es títere”.

¿Y ahora?

Por más que el partido se vuelva a jugar, aun en las mismas condiciones, la fiesta ya se opacó, perdió la gracia. Los argentinos tenían el mejor juego de todos, y lo destruyeron, lo hicieron añicos. Ahora el fútbol entrará en los escritorios y desde ahí empezará el tira y afloje. Boca Juniors pide la suspensión del partido y por ende que se lo dé como ganador de la Libertadores, River Plate no cede. El pacto de caballeros firmado entre Rodolfo D´Onofrio y Daniel Angelici, de que el partido se jugaba y que los xeneizes no reclamarían los puntos, quedó por el camino. Es cierto, el presidente de Boca Juniors tiene su visión de que los partidos se ganan en la cancha, tal como dijo en 2015 cuando por la situación del gas pimienta su equipo perdió los puntos. Pero esta vez tiene a sus hinchas atrás, a sus compañeros de directiva, y el reclamo es ir por todo. Todo enciende una vez más la mecha y rompe relaciones entre los clubes más populares de Argentina. Esto fue lo que declaró Angelici: «Soy de los que piensan que los partidos se ganan y se pierden en la cancha. Pero también tengo una responsabilidad como presidente del club y tengo que aferrarme a los estatutos. Hay una comisión que es autónoma a la CONMEBOL y tiene que revisar el expediente. El martes nos han convocado a una reunión, pero voy a decir lo que dije ahora, que lean el expediente que tiene 15 fojas y que nos den una respuesta formal. Después veremos».

El artículo 18 al que los xeneizes se aferran establece sanciones que pueden imponerse de forma “individual o conjuntamente por una misma infracción, a las asociaciones nacionales y clubes, de conformidad con el artículo 64 de los estatutos de la CONMEBOL”. Las sanciones que allí se establecen son: advertencia; reprensión, amonestación o apercibimiento; multa económica; anulación del resultado; repetición del partido; deducción de puntos; determinación del resultado; obligación de jugar a puertas cerradas; cierre total o parcial del estadio; prohibición de jugar un partido en un estadio determinado; obligación de jugar en un tercer país; descalificación de competencias en curso y/o de exclusiones de futuras competiciones y retirada de un título o premio.

Hoy quedó determinado en una reunión de ambos presidentes en Paraguay junto a Alejandro Domínguez de CONMEBOL que el partido se disputará el fin de semana del 8 y 9 de diciembre fuera de Argentina, algo que suena ilógico por todas las variantes que pueden surgir. Se habla del Estadio General Pablo Rojas, de Cerro Porteño, en Asunción. ¿Se mantienen las mismas condiciones? ¿Entran la misma cantidad de hinchas? ¿Qué pasará con las entradas? ¿Se podrá garantizar la seguridad? La Unidad Disciplinaria es quien decidirá si da pedido al reclamo de Boca Juniors. Está integrada por Eduardo Gross Brown (paraguayo), Amarilis Belisario (venezolano), Antonio Carlos Meccia (brasilero), Cristóbal Valdes (chileno), y el argentino Diego Pirota, quien deberá mantenerse al margen. Por sorteo, el brasilero, que votaría a favor de Boca Juniors, queda afuera de la decisión. Todo indica que el representante paraguayo y el chileno irían en contra del reclamo de los xeneizes, el venezolano aún está en duda. Los tiempos apremian, ya que el mundial de clubes comienza el 12 de diciembre y debe haber un representante de CONMEBOL. A su vez, si los xeneizes no aceptan el fallo no tendrán tiempo de ir a la Cámara de Apelaciones o al TAS. Gane Boca Juniors en los escritorios, o el partido se juegue, Argentina deberá asumir que no está preparada, que la situación lo superó y asumir, con autocrítica, que todo se le fue de las manos. Lo que viene será clave, pero es parte de la esencia de una sociedad que no puede dar vuelta la página.

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