l   marzo 10, 2016   l  

Segunda División El profesionalismo marrón


Santiago Mazzarovich/ URUGUAY/ MONTEVIDEO/ En la foto: . Foto: Santiago Mazzarovich. 2016




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Más de la mitad de los jugadores campeones del último torneo de la ex “B” afirman no vivir enteramente del fútbol.

Corría el 19 de diciembre de 2015. A los 78’ Cerro Largo goleaba 4 a 1 a Rampla en el mismísimo Olímpico. Era la final del Apertura del ascenso. Se liquidaba un extraño torneo que se jugó en dos series para reducir la cantidad de partidos y hacerles más amigables los déficits a unos clubes asfixiados. En ellos trabajan tipos que andan en ómnibus y compran zapatos a crédito. Para la AUF, son profesionales. En la principal divisional de ascenso se registran contratos, se establecen salarios y se aporta al BPS. Claro que esos sueldos suelen cargar con el síndrome del zaguero gordo: vienen a destiempo y son ineficaces. Llegar a fin de mes pasa a ser una hazaña comparable con la consumada por los muchachos de Rampla que en el alargue del mismo partido que perdían por goleada, dieron vuelta el resultado para alcanzar el 5-4 y la consagración.

Un futbolista de la “B” no debería ganar menos de 16.124 pesos. Ese es el salario mínimo que el Estatuto del Futbolista Profesional uruguayo establece para la Segunda División. Posiblemente sea el registrado en los contratos de la mayoría de los más de 300 deportistas que se reparten en 15 clubes. FIFA define como “profesional” al jugador “que tiene un contrato escrito con un club y percibe un monto superior a los gastos que realmente efectúa por su actividad futbolística”. Generosa concepción la del organismo rector del fóbal: para sortear el amateurismo alcanza con un solo peso por encima del costo del transporte, la comida y el equipamiento. Nada que no pueda conseguir quien sea capaz de auto imponerse los rigores propios del más antipático ministro de economía. Aunque para ello haya que viajar hacinado a una práctica y arriesgar salud tomando poca agua bajo el sol del verano o jugando con la panza insatisfecha.

Nicolás Rocha, uno de los 11 picapiedras protagonistas de la hazaña de diciembre, es un poco más realista que la FIFA cuando dice que en el ascenso “tenés que vivir para el fútbol” pero “no vivís” de él. Pablo Pereira, que tras el festejo de Rampla se fue a Argentina, es un poco más específico: “Estaba pagando para jugar, era más lo que gastaba en nafta” que la ganancia. La “B” es, al final de cuentas, una divisional de profesionales del rebusque. El ingenio y el sacrificio exacerbado permiten achicar los costos para aumentar unos ingresos generalmente comparables con los de las categorías menos favorecidas en los Consejos de Salarios. Así, el multi empleo y la permanencia en la casa paterna son condiciones sin las cuales la carrera no se sostiene. Al menos tres de los 11 jugadores que defendieron a Rampla el 19 de diciembre le reconocieron a ZONA MIXTA que tienen una o más ocupaciones extra fútbol. Otros tantos admiten que pueden prescindir de ese tipo de ingreso sólo porque aún no se independizaron, realidad común entre los más jóvenes. “Me mantienen mis viejos”, dice Matías Rigoleto, que comparte edad y realidad con Camilo Cándido. Ambos tienen 20 años y superan por dos a Gianfranco Allala, que afirma con alivio que “todavía” no tiene que laburar de otra cosa y que piensa volver al liceo para cursar cuarto. Entre los multi empleados, Nico Rocha gestiona un taller mecánico con parte de su familia, Gonzalo Sena alquila vestimenta junto a su señora y Rafael García es técnico en fitness y entrena arqueros en una academia. Del repaso surge que las actividades no deportivas suelen ser la consecuencia de emprendimientos particulares, tareas que no garantizan ingresos fijos. Lógico: es difícil ser asalariado si para ello hay que tener un patrón que tolere cambios de turnos de entrenamientos y fijaciones de partidos asociados a los indescifrables criterios de la dirigencia. Entonces, la precarización laboral se naturaliza tempranamente. Pero recién mostrará su peor cara cuando el futbolista pase los 30 y, siendo joven en la vida, ya sea viejo para el deporte: “Queda toda una vida por jugar”, recuerdan Mauricio Ubal y Contrafarsa en el “El tercer tiempo”, la canción que aborda el drama del futbolista que deja de ser.

Foto: María Eugenia LogiurattoEl problema sería menor si los cerca de 15 años de carrera dejaran una base material digna. La famosa “diferencia” de la que habla esa minoría de jugadores que pega el pase al exterior y alcanza el sueño de la cuenta bancaria propia. Pero el camino que une a la “B” con el ahorro es entre empedrado e intransitable. Irremediablemente, cientos de jugadores no podrán aspirar a mucho más que a los modestos derechos jubilatorios resultantes de los años aportados. Claro que para eso precisarán sortear nuevos obstáculos: la irresponsabilidad y el desorden administrativo de unos clubes que no siempre han vertido en el BPS los aportes descontados. Apropiación legitimada por un sistema profesional incapaz de sostenerse sin trampas y omisiones.

apoyo de inversores. Para presentar el cuadro en el Apertura, los dirigentes provisorios renegociaron a la baja muchos contratos con los que ni así pudieron cumplir. Algunos jugadores señalan que se incumplió con un compromiso de palabra destinado a que los aportes no se descontaran de los 16.124 pesos, lo que hizo que la plata en mano se redujera a cerca de 12.000 pesos mensuales. “Ahora, con el cambio de Directiva (registrado luego del Apertura), eso

Pocos días antes de darle vuelta el partido a Cerro Largo, los jugadores de Rampla amenazaron con faltar a la final. El club estaba en manos de una Directiva interina que asumió tras frustrados intentos por obtener el apoyo de inversores. Para presentar el cuadro en el Apertura, los dirigentes provisorios renegociaron a la baja muchos contratos con los que ni así pudieron cumplir. Algunos jugadores señalan que se incumplió con un compromiso de palabra destinado a que los aportes no se descontaran de los 16.124 pesos, lo que hizo que la plata en mano se redujera a cerca de 12.000 pesos mensuales. “Ahora, con el cambio de Directiva (registrado luego del Apertura), eso se ha modificado”, dice el arquero García. Antes del 10 de marzo, cuando el club aún estaba en plazo para pagar las labores de febrero, el plantel cobró sueldos adeudados de setiembre y enero y quedó al día. La nueva conducción también se hizo sentir en aspectos que pasarían inadvertidos en cualquier liga medianamente organizada, pero que lindan con el lujo entre tantas dificultades: ahora en las prácticas hay líquido y frutas.

La realidad de buena parte de los restantes clubes del ascenso no dista de la del Rampla del semestre pasado. Por el contrario, en otras tiendas los problemas se insinúan más serios. Fuentes de la Mutual dan fe de que decenas de futbolistas del ascenso ni siquiera perciben el salario mínimo establecido, porque entre algunos clubes se habría extendido una práctica indignante: emitir recibos de sueldo por el monto estipulado por el Estatuto pero abonar cifras hasta tres veces más chicas. La dirigencia de la gremial justifica su llamativa quietud con la falta de denuncias formales de los jugadores involucrados, a menudo jóvenes que prefieren firmar un recibo mentiroso y callar antes que iniciar acciones legales que los llevarían a renunciar al tan infantil como humano sueño de triunfo. Para colmo, hace pocos meses naufragó en la Asamblea de la “B” un proyecto que apuntaba a que la AUF retuviera y administrara la partida mensual que la TV les deposita a las instituciones, con la finalidad de garantizar el pago de salarios sin tijeretazos. Pero una mayoría de clubes se negó y prefirió que esos dineros antes pasen por el peaje de sus tesorerías, rodeadas de agujeros por tapar y de dirigentes habituados a sacar provecho de inocencias juveniles. Así las cosas, los jugadores de la “B” seguirán alargando unas colas de acreedores carentes de la más elemental conciencia de clase. Y el profesionalismo uruguayo seguirá impregnándose del tono marrón que hace décadas amenazó a un amateurismo que, sin embargo, no estaba muerto. Igual que el Rampla del minuto 78 de la final del 19 de diciembre del año pasado.

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