l   diciembre 2, 2018   l  

La mira en China 2019 El escenario de los sueños





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El impacto visual es tremendo al acercarse, al entrar, al estar ahí, incluso al irse. Sobre la historia del viejo Cilindro, el Antel Arena nació para retomar la escritura del libro del basket uruguayo, ese que hace rato no se lee en el mundo de las citas olímpicas y mundialistas. Y nació grande, porque nada tiene que envidiar a los mejores estadios del mundo. Imposible pensar en un mejor escenario para coronar los sueños de ver a la celeste en China 2019, por eso unas 12.000 personas se concentraron en la inauguración de ese gigante al que ni las controversias políticas por su construcción lograron opacar.

La enorme expectativa de la gente por ese partido crucial ante Puerto Rico, un rival al que Uruguay solo había derrotado tres veces en su historia (22 enfrentamientos), no pasaba solamente por el acontecimiento que significaba el estreno del estadio. Sobraban condimentos para catalogarlo como un día histórico y para ir preparados para emocionarse y sentir que éramos parte de esa historia.

Al estadio de primer nivel mundial, había que sumarle la expectativa por ver a Rubén Magnano -un campeón olímpico, por si no se tiene clara la magnitud del entrenador que tiene hoy Uruguay- al frente de nuestra selección. Con pocos entrenamientos con el equipo, el argentino brinda un plus de motivación a sus jugadores, quienes sienten que están ante una oportunidad única de ser dirigidos por una leyenda.

Al Antel Arena y a Magnano, hay que agregar el hecho no menor de que la selección uruguaya – gracias a una gran campaña con Marcelo Signorelli al frente del equipo- entraba al juego contra Puerto Rico a dos victorias de un objetivo que no se alcanza desde el ya lejano 1986, cuando participamos del Mundial de España con aquella generación del sexto puesto olímpico de Los Ángeles 1984. Después de aquel partido frente a México en el Palacio Peñarol, después de la “sustentabilidad organizacional”, Uruguay se tenía fe para repetir ante la selección caribeña los éxitos logrados en el Preolímpico de San Pablo 1984, los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995 y el Preolímpico de Las Vegas 2007. Esteban Batista y Sebastián Izaguirre, en ese partido de 2007, eran los únicos jugadores del plantel uruguayo que sabían lo que era ganarle a Puerto Rico hasta la noche del viernes.

Y si para todos los que estábamos en las tribunas, era un sueño estar en ese estadio que debutaba como casa del básquetbol uruguayo, hay que imaginarse lo que pasaría por la cabeza de cada jugador celeste. Con expectativas, ilusiones, nervios y presión; el escenario estaba pronto para vestirse de gala y todo parecía parte de un sueño, de un guión que no podía tener un final amargo. Eso sí, la necesaria dosis de sufrimiento tenía que estar, siempre que los protagonistas de ese libreto sean uruguayos.

Para hablar de lo estrictamente basquetbolístico, hay que enfocarse en un plan de juego que tenía algunas claves para que Uruguay pudiera llevarse el punto: bajar el ritmo del partido -cosa que nunca gusta a los boricuas- y mucha defensa, junto con un día más en la oficina para Esteban Batista. Ante la falta de aleros, Magnano arriesgó poniendo un esquema de tres bases junto con Calfani y Batista. Y todo eso se ejecutó bien. El tanteador demuestra que Uruguay llevó el partido al trámite que más le convenía, manejó los tiempos y bajó el goleo del rival, pese a los 36 puntos de David Huertas. Y, aunque fuera un día de fiesta, Batista se puso el traje como todos los días y fue a la oficina. No fuera cosa que le fueran a quitar el premio por presentismo. Los 19 puntos y 9 rebotes del pivot uruguayo, que cada vez que gana la posición en el poste bajo sigue siendo un dolor de cabeza para cualquier rival, fueron cruciales y coherentes con los 18,2 y 10,8 respectivamente que traía de promedio. También la magia del Panchi Barrera -a quien no apaga ni la inactividad-, los “intangibles” del obrero Kiril Wachsmann (7 puntos y 7 rebotes en 13 minutos) y el brillante último cuarto de Mathías Calfani en los dos costados de la cancha con triple ganador incluido; explican por qué ganó Uruguay.

Con el triunfo sobre Puerto Rico, Uruguay se colocó un punto arriba de los boricuas que ahora enfrentarán a Panamá como visitantes. ¿Qué sigue? La visita al Antel Arena de Estados Unidos, un equipo conformado para esta ventana clasificatoria por jugadores de la G League (Liga de Desarrollo de la NBA), que viene de perder por 17 puntos contra Argentina. Es un equipo atlético, con gente alta, con talento individual pero seguramente sin mucho juego en equipo y poco conocimiento del basket FIBA. Nuevamente, Uruguay deberá jugar a un ritmo lento y de pocas posesiones, defendiendo duro y seguramente en zona por varios pasajes para contrarrestar las diferencias físicas. Barrera, Parodi y Vidal deberán manejar los ritmos del partido y tendremos que tener un partido de buenos porcentajes de tiro, además de saber aprovechar el desequilibrio de Batista en el juego interno. Jeff Van Gundy, el entrenador norteamericano, ya supo elogiar al 15 uruguayo, señalándolo como uno de los últimos exponentes de una raza en extinción: el pivot que sabe y le gusta jugar de espaldas al aro, casi un anacronismo en tiempos de equipos que juegan con cinco jugadores por fuera. Y es nuestro, así que hay que aprovecharlo.

Perfectamente se puede pensar en lograr un triunfo que nos acerque a la clasificación este domingo, no es para nada descabellado imaginar un trámite que termine siendo favorable a Uruguay, aunque la selección de Estados Unidos tiene un plantel largo y de buenos jugadores (al fin y al cabo, siempre será Estados Unidos). Pero no será fácil, porque no nos sobra nada. A favor nuestro, el hecho de tener en el banco a un señor que sabe ganarle (con otros monstruos) a USA Basketball (con otros monstruos). No es menor, porque Magnano no permitiría pensar que este partido está perdido de antemano por tratarse del rival que habrá enfrente y que hay que esperar a ir a México o a Puerto Rico en febrero a buscar ese partido que nos de la clasificación a China 2019. El hombre que condujo a la Generación Dorada argentina al oro en Atenas 2004, sabe cómo plantearle un partido a un equipo norteamericano. A fin de cuentas, ya lo supo hacer en el Mundial de Indianápolis 2002 y posteriormente en el camino a la consagración máxima en los Juegos Olímpicos dos años después. Los jugadores recuperan el físico y preparan el partido, que será táctico y exigente físicamente, pero nos puede encontrar muy cerca del Mundial al finalizar el domingo. Estados Unidos llega segundo en el Grupo E con 7 partidos ganados y 2 perdidos, 16 puntos. Uruguay, es tercero con 15 puntos (récord de 6 ganados y 3 perdidos). Ganando, se queda en una buena situación antes de los dos partidos de febrero y sin dudas se gana en confianza. Pero hay que pensar que serán 40 minutos exigentes para los que estarán adentro y para los que acompañaremos desde afuera de la cancha.

Pese a que la celeste depende de sí misma, las posibilidades de clasificación todavía son complicadas. Conseguir al menos una victoria más en los tres partidos que quedan, permitirá abrochar el pasaje a China. Mientras tanto, el escenario de los sueños espera otra vez repleto, otra vez majestuoso y otra vez ideal para terminar un fin de semana histórico para el basket uruguayo. ¿Por qué no pensar en otro final feliz?

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