l   mayo 4, 2017   l  

Ocho veces quiero El deporte más allá del deporte


Foto: Diego Martin Olivera




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Cada uno tiene su propia historia, la que lo acompaña y lo sigue hasta la tumba. La que está, y no está, la que vive y no vive. El deporte también tiene historia, tiene caminos y tiene metas. Algunos las guardan, otros las reviven y muchos las transmiten. Lo que llevamos con nosotros es lo que nos marca y nos hace ser quien somos. Patricia Pujol lo sabe bien.

Hace unas semanas salió a la luz “Ocho Veces Quiero”, las historias de deportistas uruguayas miradas de perfil de editorial Ediciones B. En un camino que transcurrió en un año, “Paty”, como la conocen los que la conocen, se metió en el mundo de jugadoras de fútbol, veleristas, tenistas, atletas, gimnastas, boxeadoras, basquetbolistas.

Como le gusta a ella, se atrevió a ir más allá. A investigar, a conocer, a aprender y a desarrollar. A recorrer un proceso junto a ocho deportistas de diferentes rumbos, pero con una historia interesante para transmitir y conocer. Sarita Figueras, Dolores Moreira, Patricia Miller, Déborah Rodríguez, Beatriz Daher, Daiana Casella, Chris Namús y Victoria Pereyra, fueron las visitadas.

Una serie de encuentros con una periodista que está, y que reúne la impotencia, el dolor, el miedo y las alegrías de las deportistas uruguayas, dejan escritos una serie de relatos que emocionan y enseñan.

Zona Mixta entrevistó a Patricia Pujol, que sonríe. Siempre sonríe.

Salió el libro y ahora comienza una nueva etapa con entrevistas en medios y exposición, algo a lo que no estás tan acostumbrada. ¿Cómo te sentís?

(Se sorprende) Cuando uno trabaja en periodismo siempre está del otro lado. Uno pregunta y se mete en la vida de los demás. Hay algo como de vértigo de dejarse ver. Para mí es nuevo y me pone nerviosa, capaz no está bueno decirlo. No sé si es por estar atenta al juicio de lo que piensan los demás, sino porque se ve un poco cómo laburás. No sé si se ve cómo sos, ahí no me queda claro porque hay algo de cada uno que no es lo que se ve. Da vértigo porque hay muchos estados de ánimo (sonríe).

Justo hace unos días vi unos videos de la “Generación Dorada” de Argentina. Salvando las distancias, algunos jugadores hablaban de situaciones de mucha adrenalina y que luego se encontraban en su casa solos. Estoy viviendo un momento muy lindo y lo quiero disfrutar, porque sé que pasa. Pero por otro lado es como tener esa sensación de que es intenso y también te genera ambigüedades. Veía en esos videos que los jugadores planteaban situaciones de campeonato o de competencia, y luego estaban solos en su casa. Es un momento intenso el que vivo, lo vivo muy contenta. Pero hay una mezcla de sensaciones. De algo que ya terminé (el libro), pero hay algo nuevo en esto de exponerse.

¿Y qué sentís cuando llegan comentarios de tu trabajo en el libro o de verlo en librerías?

Cuando agarré el libro en la editorial me dio una emoción de algo que no me imaginaba. Lo asimilo a algo que escribo en un medio y lo publican, y no lo veo diseñado. Me parece que es un símil a las publicaciones en prensa. Yo no conocía cosas del libro, como la tipografía o la tapa. Cuando me lo dieron fue como una impresión rara. “Es lindo, qué emoción”, no me lo imaginaba.

¿Y ver tu nombre?

Ver tu nombre en la tapa da un vértigo porque hay algo de exposición. Si bien publico hace varios años en prensa, yo tengo un perfil bajo, no soy una persona conocida. Mi orden siempre ha sido muy tranquilo. Esa exposición te da un poco de nervios. El libro como objeto tiene algo de obra, y no lo sabía hasta que empezó a pasar todo esto. Fue como consciente-inconsciente.
Soy muy consumidora de libros, compro uno por mes. El libro significa algo importante para mí. Tenerlo y ver tu nombre es como una emoción enorme. Yo creo que muchas cosas del proceso personal no están en el libro, que me quedo yo, y eso está bien. El proceso de este libro impacta en mi vida profesional. Desde que empecé el libro me relaciono distinto y trabajo distinto. En lo personal me pasó que quedé en un vínculo con las chiquilinas. Eso es nuevo en mi vida. Me pasó con algún entrevistado de tener algún cariño, pero nunca me pasó de tener un vínculo. Eso es novedoso.

¿Y en qué cosas te cambió?

En lo profesional nunca me había puesto a pensar lo impactante que es para alguien verse publicado. He entrevistado un montón de gente, pero me desentiendo. No persigo si les gusta o no les llevo la nota. En la diaria me pasó de una nota que le hice al “Niño Cero Falta” y me desentendí. Al otro día abrí las redes sociales y había miles de comentarios y compartidos. Fue un relato que pegó mucho. En ese momento me sorprendió. Si bien seguí en contacto con esa familia, no me preocupé en seguir el vínculo. Hay una cuestión de ver el límite también, porque en el día a día estás con historias nuevas.

En este trabajo del libro entendí, porque hay casos en el libro, de lo afectadas que estaban por cuestiones de cosas publicadas por los medios. Eso me devolvió la mirada de la responsabilidad cuando uno publica cosas. Me ayudó a ajustarme en ser más fina cuando publicás algo. En lo personal fue muy afectivo el trabajo. Recuerdo momentos muy angustiantes porque hay datos con los que no sabés para dónde ir. En una nota no te pasa eso. Acá había momentos en los que iba a entrevistarme con personas y no sabía si la nota podía servir para algo. Te da como un abismo de que podés perder el tiempo.

¿Perder el tiempo?

Para hacer un trabajo así tenés que estar dispuesto a perder el tiempo. En este trabajo siempre había un condicional y eso generaba una tensión. En una nota siempre sabés que va a ser publicada. Otra cosa que me pasó fue que le mostré mi trabajo a los entrevistados, yo nunca hice eso, en periodismo no trabajo así. No lo volvería a hacer y no lo haría trabajando para un medio.

¿Te lo pidieron o cómo surgió eso?

En ese sentido el libro tiene una vuelta particular con una forma de trabajar distinta. Surgieron cosas muy íntimas y se generó una confianza muy particular. Me di cuenta que si yo tomaba ciertos datos y yo los usaba con una intención de exponer duramente podía afectar la intimidad de las entrevistadas. Me puse en el lugar de ellas.

El libro empezó con cuatro mujeres de arranque. Surgió la de Patricia (Miller) y estaba escrita en primera persona. Tenía que mostrarle la historia sí o sí. Cuando se lo mostré ella me dijo que quería colaborar, se impactó. En periodismo siempre trabajás con datos, pero muchas veces vos trabajás con datos que están dados por la percepción de la realidad emocional de la persona. Hay algo de recoger un recuerdo y eso se ve en el libro.

Cuando uno entrevista siempre tiene una guía pautada, aunque sabe que pueden surgir cosas nuevas. ¿Vos cómo entrevistaste?

Había cosas que a mí ya me interesaban y sabía de antemano de ellas. Antes de cada encuentro yo iba acumulando la impresión que las personas tienen de ellas, eran como prejuicios. Después iba como muy abierta, con todas esas herramientas propias del periodista, a lo que pasara en el encuentro. El dónde era muy importante. Victoria (Pereyra) me propuso juntarnos en el club, pero luego la vi en la casa. Yo entro de periodista, no voy a tomar el té. Mirás todo y estás como en un estado de vigilia. Todo te da datos. El clima y la atmósfera te da material.

Con ir una vez tampoco sacás datos completamente certeros. Era un desafío, pero con mucha humildad tenés que estar muy abierto. Quizá te venís con nada o con muchas dudas. Todas cuentan su historia de forma distinta.

¿O sea que estabas abierta a ir por cualquier carril en cada historia?

Cuando trabajás para un medio quizá vas con tus preguntas y con una idea y un rumbo de la entrevista. Me parece que hay que estar atento a detectar algo. Eso capaz se da cuando vos te sentís seguro en un encuentro. Los periodistas vamos con esas preguntas, pero a veces queda un universo por fuera y ni cuenta te das. En un medio tenés que cumplir con plazos y extensiones. A veces los trabajos no pueden encontrar otra vuelta porque estás limitado.

Vos vas con una caja de herramienta que es todo lo que viviste, las películas que viste, cómo te relacionás, tus preocupaciones; esas cosas no son ajenas a tu forma de hacer periodismo. La observación es fundamental. Si bien yo presionaba, nunca me cuestioné de si el trabajo iba a salir. También vi que las mujeres que están en el libro tienen en su vida algunos nudos que son interesantes. No sé si todo el mundo tiene eso. A mí no me interesan todas las historias. La actitud periodística debe ser más fina. Tenés que conocer de la persona y empezar a indagar.

Presentación

Foto: Diego Martin Olivera

¿Qué estrategias usaste para poder contar esas historias y que tuvieran la esencia de lo que captaste?

Me jugué entre lo intuitivo y lo emocional. Por ejemplo cuando fui a entrevistar a Nicolás Lodeiro a Buenos Aires leí un libro que se llama “El caño más bello del mundo”, que habla sobre el pensamiento futbolero de Riquelme (Juan Román). Ese libro tiene algo en la estructura que plantea una concepción del juego, plantea la figura del diez y se discute sobre el ritmo de Riquelme. No se habla del jugador sino que se trasciende a él. Yo voy a eso, hay gente que sobre el juego piensa cosas que van más allá. A mí me encantó hablar del meta deporte y de la curiosidad de poder ir más allá. Creo que esa parte del periodismo deportivo es la que me interesa. Todo eso se logra con generar un vínculo, con honestidad.

Si no sabés, no sabés. No podés ir a un encuentro creyendo que sabés más que la persona, tenés que ir como curioso. También hay algo del orden de la química, de la empatía, eso se da o no se da. No me pasó con ninguna del libro que no se diera. Eso fue un acierto. Pero no llegarías a un trabajo interesante si no tenés eso de que el otro se entrega y vos también.

¿Y las entrevistadas cómo reaccionaron ante eso?

Creo que ellas cedieron. Cuando decidí eso de Patricia con algunas me dije de mostrarles la historia. No para negociar, sino porque creía que debían saber. Les pedí reserva y ahí confié en ellas. De hecho como periodista me conocían solo dos de ellas. Sin embargo funcionó algo tan increíble que sucedió. Ellas tenían sus historias desde octubre y a nadie se le ocurrió compartirlas. Algunas me hicieron comentarios de cosas que yo tomé. Mejoró todos los sentidos. Si bien hubo algunos momentos de tensión en el contenido, se resolvió desde el lugar de ver lo que funcionaba.

¿Te molesta que cuando surgen este tipo de trabajos siempre aparece eso del rol distinto de la mujer en el periodismo deportivo?

Es algo que pensás, porque no solo pasa en el periodismo deportivo. Como es una especialidad más masculinizada se nota más. Pero en otros ámbitos vinculados a la comunicación también me pasa, por ejemplo un hombre ganaría más que yo por hacer lo mismo. Todos los cargos de poder son de hombres. En el fútbol, como es masculino, ese mundo es eso y todos los cargos son de hombre. Apenas ahora, porque son muy pocas, algunas pueden aparecer.

Sos como el último oso panda vivo, una frase que surgió cubriendo un partido a puertas cerradas y yo era la única mujer.

¿Qué representa la mujer en el periodismo deportivo?

Creo que le haría muy bien salir de un formato al periodismo deportivo. Se cree que el relato de fútbol es de una forma porque es una convención. Yo veo que en el relato hay como una imitación de lo que hace. No lo digo de viva. Creo que hay cosas que se podrían hacer de otra manera. Hay formas de comunicar cosas que pueden ir por otro lado. También hay una burla sistemática de la apariencia de los jugadores. Eso en el deporte funciona bien y a mí me llama la atención, porque sigue siendo periodismo. Quizá sea periodismo de otra cosa.

Creo que hay que resistir, no es fácil para una mujer. Hay un perfil, está eso de que si sos mujer linda y con pollera corta, el machismo lo ve como que estás provocando. Es como un doble trabajo de pensar qué ponerte. El hombre no se mira al espejo a ver si el pantalón le aprieta. Es como que hay que estar en el lugar. Hay un montón de mujeres y creo que saben que van a tener que bancarse cosas porque la sociedad es así. En el fútbol te van a mirar onda ¿vos quién sos?

Esa falta de legitimidad hace responsable al colectivo. Que no haya mujeres en el periodismo deportivo es responsabilidad de aquellos que trabajan en periodismo deportivo. Ahí me parece que hay como algo para pensar. En un asado es impensable que alguien me pregunte qué vi en una jugada. Siempre estás en el lugar de que no vas a saber de un tema.

¿Vos cómo lo vivís en ese lugar que estás?

Yo no me corro del lugar que tengo porque es mi lugar de trabajo y lo habito hace mucho tiempo con mucha militancia. No te tiene que importar lo que digan los demás, pero si tu colectivo no te reconoce es complicado. Yo no estoy esperando que se me reconozca, pero en términos de formación quizá podés estar sobre calificada para una tarea y por ser mujer no llegás igual. No me pongo en el lugar de víctima, no me interesa, porque voy, lo hago y me quedo ahí. Pero hay un trabajo para hacer y está bueno que se cuestione.

¿Qué pensás de aquellos lugares en los que están las mujeres simplemente porque son mujeres y muchos medios entienden que pueden jugar para la tribuna cuando las suman a sus equipos?

Es bravo, tal vez, no lo sé, sospecho que es la manera de entrar. A veces uno para permanecer debe entrar por determinado lugar. Cuando vos entrás a un lugar le sacás el lugar a un hombre. Hay una mirada de menos, hay una valoración infame. Hay mujeres que están sobre calificadas. Ahí está el tema del machismo. No digo los hombres, porque no es nosotros y ellos. Nuestra cultura tiene una mirada donde la mujer en algunos ámbitos mejor que no llegue porque le saca un lugar a un hombre. Estamos luchando contra el poder. Yo quiero ahí igual a la mujer que entra a dar resultados. Yo no sé si está ahí sosteniendo ese lugar a priori porque es la puerta que encontró abierta, es la rendija por donde pudo penetrar a un lugar que no se puede acceder tan fácilmente. Después también pasa de traer una mujer, porque se hacen los que le dan el lugar a una mujer. Eso no está bueno que se dé así.

Por otro lado pienso que si sucede así, entrá y pintale la cara. Apropiate de ese lugar y empezá a profundizar. Eso sucede en cualquier ámbito de la vida. Cuando uno llega a un lugar debe pagar derecho de piso, debe demostrar lo que sabe. Si sos mujer y vas a entrar a un lugar así tenés que saber que no es fácil.

Presenta¿Por qué no es tan fácil?

Quizá muchas veces te vas llorando a tu casa, o tengas que dar una batalla con tus propios compañeros de trabajo. Ahí hay un trabajo de hormiga que es ineludible. Hay que entender que por un lado hay una necesidad de que las mujeres aportamos otras cosas y tenemos otras inquietudes. Pienso en Daiana Abracinskas, que son lugares que a veces pensás cómo se sostiene y cómo soporta determinadas cosas. Es admirable. Me parece fantástico que aunque todo conspire para que vos te corras, no te corrás. Lamentablemente es parte del desafío que profundices.

¿Cuánto hay en cada historia de esa gurisa Pujol de La Teja?

Está plasmada la singularidad de una mirada con ciertas inquietudes. Por ejemplo le planteé a Déborah (Rodríguez) de la resignación de sexo de atletas, me interesaba saber si ella se planteaba eso. No creo que eso sea buen periodismo ni que te pone en un lugar de innovar, porque el libro no innova nada; ni en el periodismo ni en el deporte. Lo que sí creo es que plasmo una singularidad de mis intereses. Por un lado como periodista, de cómo trabajar y de cómo ejercer la profesión, y por otro lado de mi persona, cuando me enfrento a un deportista entender qué los motiva. Yo admiro a los deportistas: tienen unos vaivenes tan atados al azar o a cuestiones que no pueden manejar, que me llama la atención. En ese sentido me encuentra en un cruce de intereses profesionales y personales.

¿Está tu historia en la de ellas?

Leila Guerrero plantea que vos trabajás como periodista contando historias de los demás en un lugar no ajeno a tus intereses, pero con la apertura de ver con qué te encontrás. No les querés agradar, no se trata de tener amigos, no hago el periodismo para ejercer amigos. Creo que hay que pasar cosas complejas. Yo me hice periodista porque entré a un medio para atender el teléfono. Egresé de la universidad y un día unos conocidos me recomendaron ir a la diaria. Yo trabajaba en un lugar cobrando un montón más en una tarea en la que sabía que podía durar, pero fue como un salto a una pasión. Ahí hubo una jugada y a mí no me quedaba fácil. Hubo un salto de jugármela. Ese salto me cambió la vida porque trabajar en un diario me dio todo. Por más que pasé por la universidad me dio muchísimas herramientas y mucho conocimiento de cómo se manejaba las cosas en la cancha. Yo estoy muy agradecida a todos los que me ayudaron. Es como haberse tirado a algo un poco osado. Yo creo que la decisión fue fundamental, era ese momento y salió bien para mi construcción personal y profesional.

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