l   marzo 10, 2016   l  

SACUDE El deporte como excusa





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Cuando el ómnibus 158 pasaba por la puerta de la cancha de Cerrito –más conocido como estadio Maracaná – había que empezar a contar las paradas porque ya quedaba poco para el destino: Antillas esquina Curitiba. Ya con los pies sobre el asfalto, a cien metros se apreciaba un montón de chiquilines, vestidos con chalecos naranjas, que estaban jugando al fútbol en una cancha que tenía por lo menos 6 tableros de luces. “Qué nivel” pensé.

Emprendiendo la caminata hacia la cancha, poco a poco se fue desplegando en toda su dimensión el perímetro del Complejo Sacude, ubicado en Casavalle, o más específicamente – cómo destacan los vecinos – en el viejo “barrio Municipal”. En un primer vistazo pude ver los equipos de gimnasia saludable, el techo del gimnasio multideportes, la zona de salto largo para atletismo y también mucho espacio disponible para diferentes actividades. Nada menos que 10.700 metros cuadrados conforman el área del centro, que desde hace cinco años viene ofreciendo actividades de inclusión social y mejoramiento de la calidad de vida a partir de la salud, cultura y deporte (SA.CU.DE).

“Mira que las luces de la cancha no las prendemos nunca, sino nos sale carísimo” intervino el Prof. Germán de Giobbi, coordinador del centro, mientras mostraba a Zona Mixta las instalaciones y explicaba la historia del lugar. “Aquí primero estuvo el Club Municipal, cuyo gimnasio sirvió como estructura para el actual. El otro actor importante es la policlínica, de la calle Los Angeles, que está por cumplir 17 años y hace un trabajo bárbaro”.

El pasado mes de diciembre el Sacude cumplió 5 años de vida y una de las características distintivas es que el dinero para la construcción del mismo fue decisión y compromiso de los vecinos. Allá por el 2010, en medio de la regularización de los asentamientos de la zona – Barrios Unidos, Curitiba y 3 de Agosto – incrementaron del 10% inicial que habían programado las autoridades hacia el 40% de los recursos, significando 900 mil dólares.

“Es un grupo de vecinos muy comprometidos y que están dejando un pedazo de su vida aquí” relata De Giobbi. Es que la comisión de autogestión trasciende su nombre, ya que se hace carne y presencia en el día a día. El desafío que se plantean es el de mantener un espacio abierto, “casi público”, donde se cobra solamente 150 pesos cada dos meses. “Cuando un gurí entra acá, lo primero que vemos es la cara de sorpresa… nadie le pregunta quién es, ni de dónde viene o hacete socio. Lógicamente todo en esto en un clima de mutuo respeto”.

Una herramienta

La pluralidad de actividades y propuestas intentan seducir a diferentes grupos etarios. Desde deportes de combate, capoeira, atletismo, gimnasia para adultos mayores, recreación para jóvenes hasta todos los talleres culturales.

Más allá de la actividad que se trate, se plantea una concepción clara hacia dónde se quiere llegar, la cual refiere a tomar, por ejemplo, al deporte como un medio para mejorar la calidad de vida, en aspectos tales como la confianza, comunicación, seguridad, esfuerzo.

“El deporte no puede transformarse en un fin en sí mismo” detalla De Giobbi. Hace poco tuvieron la disyuntiva de poder competir en atletismo de forma federada, y a partir de una decisión de la comisión de autogestión (junto con la profesora del grupo) entendieron que lo mejor era seguir enseñando y motivando desde lo educativo. “Eso no quita que los gurises tengan su remera, viajen a Mercedes y hagan competencias en la pista de atletismo”. O sea, el deporte como una herramienta. Lo mismo podría decirse del teatro o del taller de huerta orgánica. “La separación en Salud, Cultura y Deporte es solamente a fines organizativos”.

Se dio el caso de que un día apareció una madre con su hijo, quién tenía una discapacidad intelectual. Y el muchacho quería jugar al fútbol. “Le abrimos las puertas, lo llevamos a la clase de fútbol, y si bien al principio generaba cierto cuestionamiento por los otros jóvenes, lo terminaron naturalizando… Todos tenemos diferentes características y el objetivo de este lugar es que esa diversidad se concrete en la práctica” cuenta Germán.

Hay dos grandes preocupaciones que actualmente tienen sobre el proyecto. Una refiere al desfasaje que existe entre la cantidad de personas que usan las instalaciones y los pocos recursos humanos con los que se cuenta. Mientras que la otra tiene que ver con la falta de un equipo multidisciplinario con el cual poder trabajar determinadas situaciones sociales sobre las que “muchas veces no podemos ni siquiera derivar de forma digna, ya que implica ir hasta la casa, hablar con los padres, llenar determinados formularios, lo cual lleva tiempo, compromiso y es todo un plano sobre el que no podemos impactar”.

Tal vez lo más singular de la experiencia sea la integración entre diferentes edades. “Acá hay veteranos que trabajaron toda la vida y el Sacude es el único espacio que tienen para autorealizarse, además de su familia. A su vez, se encuentran con gurises que son de tercera o cuarta generación de pobreza, con una fuerte desestructuración de los códigos de convivencia y nosotros tenemos el desafío de que funcionen acá dentro. Es un trabajo de hormiga, de todos los días, pero que vale la pena porque las señales son súper positivas”.

 

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