l   abril 28, 2017   l  

Educador de la vida El Cacique y su contexto





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Días atrás y, tal como sucede con casi todo lo divertido y nocivo que sucede en nuestras vidas, a través de las redes sociales se difundió un presunto decálogo del hoy entrenador Alexander Medina para con sus dirigidos de la Tercera División del Club Nacional de Football. Más allá de que el citado coach habría negado la veracidad del documento, lo tomaremos por bueno y lo desmenuzaremos con la profundidad que nos caracteriza. Siempre con el horizonte puesto en tender puentes hacia un mundo mejor.

Lubo Adusto Freire

Vale acotar que, en su época de jugador, Alexander Medina no destacaba por su propensión a sonreír dentro de la cancha. Apenas si cuando convertía un gol y ponía en práctica su célebre festejo “símil lanzamiento de flecha”, esbozaba algo parecido a una sonrisa. De hecho, una búsqueda en Google nos puede arrojar un sinfín de fotos como esta:

Imagen 2

Mucha pasión, mucha fuerza, mucho pundonor. Escaso disfrute. La pregunta es: ¿está mal?

Yo creo que no. El que quiera disfrutar, el que quiera finales felices y que siempre triunfen los buenos, que vea una película de Disney. Lo que no quita que el otrora pelilargo ariete de ojos color mar no haya incurrido en varias incongruencias.

Analicemos su decálogo, punto a punto:

1. No se saluda al rival, excepto al capitán.

Esto es un claro resabio de la época en la que el Cacique jugaba en Nacional y el capitán era Carlos Valdez, que jugó con él en Nacional. Hace falta una actualización ideológica. ¿Por qué se podría saludar a Nahitan Nández y no, por ejemplo, a Villalba?

2. Ceja fruncida todo el partido.

Impracticable. Imaginesé que Juan Cruz Mascia mete un gol de chilena, ¿y el Cacique pretende que el tipo meta ceja fruncida y no festeje, siendo que probablemente no habrá nada igual en su carrera deportiva? No sea malo, mijo. Hay gente que mete goles y que disfruta, hay gente que mete goles y babosea, y hay gente que mete goles ante el equipo del que es hincha, y que festeja por fuera y sufre por dentro. No mencionaremos a nadie por respeto a la familia de Junior Arias y Brian Lozano, naturalmente.

3. No se levanta al rival del césped, salvo producto de una patada subida de tono.

Acá puede haber dualidad de criterios. Por ejemplo, supongamos que en lugar de una patada subida de tono, uno le da un codazo en la frente, y el tipo cae desmayado de pico. ¿No se lo levanta? ¿Y si se cae arriba de un tero? ¿No se lo levanta para preservar la salud del pobre ave, exponiéndose a una denuncia de los siempre sensibles animalistas? No sé.

4. La primera patada es nuestra.

Me recuerda a La Culpa es Nuestra, con Cammarota y el Piñe, hoy en bandos opuestos. El tema es: ¿cómo lograr que la primera sea nuestra, si, por ejemplo, sacamos nosotros? ¿Tiramos la pelota afuera? Y si vemos que el rival viene resuelto a hacer una infracción, ¿qué se hace? ¿Pegamos una sin pelota? ¿Y si lo hacemos y el árbitro nos expulsa, contraviniendo el punto 8? Para pensar en la semana, no conozco otra manera.

5. Ganamos todas las pelotas divididas.

Es estadísticamente imposible que eso suceda. Si son divididas, es porque hay dos que pugnan por el útil. Y aunque el rival sea Rinaldo Cruzado, tiene una chance matemática, aunque sea mínima, de llevarse el esférico. ¿Qué necesidad de frustrar así a sus dirigidos, señor Cacique?

6. Siempre mayoría de jugadores nuestros en caso de armarse tumulto.

Otra fuente de posible frustración: ¿qué pasa si participan los once de cada equipo? ¿Se le pide al rival que deje alguno afuera? ¿Entra un suplente como hizo Galileo Percovich en el 90? Aparte, cada vez que se arma una generala y hay un jugador que enfrenta a más de un rival, ¿no se lo destaca como corresponde? ¿Por qué negarle una posibilidad manifiesta de convertirse en ídolo a un jugador mediocre pero querendón a la hora de lanzar los puños?

7. Obviamente no se demuestra dolor por nada.

Lo de “obviamente” sobra. Imaginesé la imagen del tipo con fractura expuesta de tibia y peroné que disimula su dolor mientras el Cacique le grita “pisá fuerte, pisá fuerte”. Los hombres también lloran, señor Cacique. Como siempre digo: mientras sepa usar los codos y pegarle de punta y a la tribuna, si quiere llorar o mantener relaciones sexuales con un señor de barba, me tiene sin cuidado.

8. En los clásicos se empieza y se termina con 11 soldados de pie.

Esta es la peor de todas. ¿Por qué? Porque el cumplimiento de los puntos anteriores, lleva a una tendencia exacerbada al no cumplimiento del punto 8. Si pegás la primera, y decís presente cada vez que hay tumulto, las chances de que te echen son enormes. Más que nada porque hay una ley no escrita del fútbol mundial que establece que, en un clásico, si hay una discusión general, el árbitro siempre expulsará a un jugador por bando. Siempre, sin excepción. Y aparte otra cosa: ¿no sabe Medina que los equipos uruguayos juegan mejor con 10? ¿No se dio cuenta de que Nacional, en el último clásico, era una lágrima hasta que Lozano se sacrificó y se hizo echar? No en vano ha sido ese su mejor aporte a la causa alba.

9. Todos unidos, antes, durante y después del partido.

Está medio bravo caer a las 11 de la noche a casa y decirle a la vieja: “caigo a comer con 17 compañeros porque el técnico nos pide que estemos unidos todo el tiempo”. Porque el tema es ese: todo el tiempo transcurrido en la historia del universo puede dividirse en esas tres categorías: antes, durante y después del partido, cualquiera sea el partido. Y aparte otra cosa: ¿a Medina nunca le tocó estar en un grupo poco unido? ¿Acaso él se llevaba bien con el Loco Abreu, con Recoba, con Iván Alonso y con Munúa? Seguro que con todos, no. Así que no pida como técnico lo que no supo dar como jugador.

10. Lo más importante: nosotros jugamos al fútbol.

Ah, bueno. Haber empezado por ahí. Venimos a dar la primera patada, a fingir que no sentimos dolor, a estar prontos para saltar ante cualquier batahola, a no tocarte ni aunque estés teniendo un ataque de epilepsia. Pero esto es fútbol, así como lo ves. Aunque parezca otra cosa. Es fútbol.

Mi preocupación es que uno puede dar la primera patada, no saludar, no asistir al rival herido, estar unidos, no tener ningún expulsado, y aun así, perder 7 a 0. Yo, por lo pronto, prefiero menos palabras y más acción. Si nos tienen que echar a uno en pos de la victoria, bienvenido sea. Si se cae un rival y lo asistimos para hacer tiempo, hagamosló, ¿por qué esperar?

Si se arma generala y resulta que Felipe Melo me surte, pues bien, reculemos, porque Mier que huye sirve para otra batalla.

En cualquier caso, Nacional jugó y ganó el clásico, 2 a 0, con goles del hijo del Chueco Coelho y del propio Juan Cruz. Pero Medina haría bien en poner las barbas (que no tiene) en remojo, y elaborar un decálogo para partidos que no sean ante Peñarol. De hecho, en los últimos 20 años, Nacional se ha encargado de ganarle a Peñarol casi de todas las formas posibles (salvo 5 a 0, claro). Sin embargo, ha tenido muchas más dificultades para derrotar a equipos de nombre desconocido y carentes de historia.

Esperamos ansiosos, pues, el mandamiento del Cacique para enfrentar a los Reales Garcilasos, los Cúcutas, los Olmedos y las Ligas de Lojas que esperan a Nacional en las próximas instancias de la Libertadores.

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