l   abril 12, 2016   l  

Entrevista Conociendo al coach, a fondo





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A pocas horas de haber sido nominado como nuevo entrenador de la selección uruguaya de básquetbol, Zona Mixta habló en extenso con Marcelo Signorelli. El desafío que se viene estuvo sobre la mesa de conversación, claro, pero, en realidad, la nota no es otra cosa que un recorrido por su vida. Desde los minis de Neptuno, hasta la actualidad con la Celeste. Desde su niñez futbolera, hasta sus viajes por Italia y Estados Unidos. Desde el inicio de la pasión por el básquetbol, hasta su paso frustrado por la facultad de Ciencias Económicas. Desde sus épocas como vendedor de autos, hasta cómo defender un bloqueo directo. Desde su etapa como jugador en Neptuno y Las Bóvedas, hasta los títulos de Liga Uruguaya con Hebraica y Biguá.

“Yo voy a ser el técnico de la selección”. La frase ya tiene 21 años y pertenece a un señor que acababa de firmar su primer contrato como entrenador jefe y estaba dirigiendo a Juventud de Las Piedras, en tercera de ascenso.

El receptor del mensaje era Daniel Shalián, un escolta atlético y muy peligroso en el ataque rápido, pero con poco tiro exterior, que integraba aquel plantel de Juventud. Tal vez no se lo dijo, porque suele ser poco redituable cuestionar al técnico, pero seguramente Shalián pensó que el DT tenía una autoestima un tanto desmedida o que, lisa y llanamente, había perdido la razón.

Sin embargo, aunque el camino fue largo y por momentos cuesta arriba, hay que reconocer que Marcelo Signorelli no estaba loco, o al menos no tanto.

Su pasión por el básquetbol había comenzado unos cuantos años antes, cuando sus padres lo hicieron socio vitalicio del Neptuno, que en esa época era uno de los mejores clubes del Uruguay. Él tenía solo nueve años y la dictadura militar estaba a punto de establecerse en nuestro país.

Antes de eso, su relación con el deporte se reducía a jugar al fútbol en la calle, más precisamente en Acevedo Díaz y Domingo Aramburú, en donde pasaban pocos autos y se armaban los tales picados. El pequeño Signorelli no destacaba por su técnica, ni por asomo, aunque su entrega era digna de respeto.

Al parecer, Marcelo era un botija bastante insoportable en el ámbito doméstico, así que su madre pensó que lo mejor era hacerlo gastar energías en el club.

“El Neptuno era como pueden ser Malvín, Biguá o Urunday ahora. Era hermoso, tenía dos piscinas, seis gimnasios…Ahí pasé toda mi niñez y toda mi adolescencia”, cuenta Marcelo, que recuerda hasta cuanto pagaron sus padres para hacerlo socio vitalicio del club.

Su madre era ama de casa y su padre vendedor de autos y, además, trabajaba como periodista en la transmisión de fútbol de Víctor Hugo Morales (luego lo hizo en varios medios más y sigue en actividad hasta el día de hoy, con 83 años).

Marcelo acompañaba al viejo Américo a todos los partidos y lo ayudaba a instalar el equipo y llevar el cable de casi 100 metros que iba hasta los vestuarios. Un día del fin de semana cubrían el vestuario de Peñarol –el cuadro de los amores del coach- y el otro el del equipo que jugara contra Nacional. Naturalmente, conoció a una infinidad de jugadores, pero él recuerda a cierto plantel de River, en el que estaban el Mudo Correa, Del Capellán, el Tola Antúnez, Bareño y Victorino, fundamentalmente porque lo dejaban entrar al vestuario a patear la pelota con ellos.

“Yo iba siempre atrás de mi viejo. Eso sí, para que me comprara un refresco…En esa época era agua de la canilla y mucho refuerzo de mortadela”, dice muerto de la risa, sentado en un sofá del living de su apartamento, en Scosería y Benito Blanco.

Imagen 3La pasión por el fútbol estaba, pero a partir del Neptuno comenzó la del básquetbol, que sería, indudablemente, mucho más fuerte.
Se incorporó a los minis del club cuando todavía no había cumplido 10 años y después hizo toda la escalera hasta llegar a primera, en la que se cambiaba siempre, pero jugaba poco.

“Era la época de la llegada de los primeros americanos, en el comienzo de los 80, y el club contrató a Joe McCall (1). Yo nunca pude ser inicial. Pasaron muchos bases, pero a mí no me daban la oportunidad”, dice Marcelo mientras ofrece agua o Pepsi Light. Ésta última es su bebida predilecta y la defiende con pasión si alguien la critica. Parece que el hombre no toma alcohol, pero no por cuidarse, sino porque directamente no le gusta.

En 1987, ya cansado de no jugar, decidió a irse a Las Bóvedas, que estaba en segunda de ascenso, en donde tuvo siete entrenadores en una temporada. “Fue un récord mundial, increíble. Pero ahí sí jugué y hasta hubo un partido en el que hice más de 30 puntos”, recuerda con cierto orgullo.

Luego pasó a Trouville, también en segunda, más tarde volvió una temporada a Neptuno y en 1991 culminó su carrera en Unión, en tercera de ascenso.

Unión, ubicado en la calle Pan de Azúcar, era el club del que era hincha su padre, que incluso supo ser utilero allí. “Estaba salado. Yo iba a ver a Unión desde chico. Se armaban unos líos tremendos, hasta se escuchaban tiros, y me padre me escondía debajo de la mesa de billar”, asegura Signorelli, aún algo asustado.

Mientras desarrollaba su carrera como jugador de básquetbol, que terminó en el 91, se casó por primera vez y tuvo su primera hija, Valentina, que hoy tiene 27 años.

Antes de eso, intentó estudiar Ciencias Económicas, pero decididamente no era la suyo, así que abandonó luego de salvar solamente Sociología. “La verdad es que era un desastre, sobre todo porque en esa época salíamos todas las noches…estaba muerto”, reconoce con hidalguía.

Siempre supo que quería seguir ligado al básquetbol, así que, tras dejar de jugar, ni lo dudó y empezó el curso de entrenador. Se recibió bastante rápido, pese a que tuvo que soportar un karma llamado Psicología, materia que dio “como cuatro veces”.

En esa época comenzó su vínculo con los medios de comunicación, ya que comentaba partidos del Torneo Federal en el Canal 4, junto a Mario Uberti. Pero Raúl Ballefín (2), un famoso exjugador y periodista, le habló claro: “entrenador y periodista al mismo tiempo, no va”.

Casi enseguida comenzó a trabajar como asistente de Ricardo Abracinskas en Peñarol, que contaba en aquel momento con jugadores como Álvaro Tito, el Gato Perdomo y el Manzana López. Le dijeron que no iba a ganar un peso durante el torneo, pero también que más tarde iba a recibir lo suyo, si es que comenzaba acciones legales para conseguirlo. No le mintieron, porque eso fue exactamente lo que pasó.

Luego, también como asistente de Ricardo -el papá de Daiana- trabajó en Miramar, para más tarde llegar a su primera experiencia como coach principal en Juventud.

En ese momento ya lo tenía claro: sería el técnico de la selección. Su profecía se cumplió hace unos pocos días, cuando, tras algo así como un mes de conversaciones, Alberto Ney Castillo lo confirmó en el cargo, al menos para dirigir en el próximo sudamericano que se disputará en Venezuela durante el próximo mes de junio.

Claro, antes de esa nominación, tuvo que pelearla durante 20 años desde el banquillo…y no siempre con el viento a favor.

Imagen 4Al dejar Juventud, con el que logró ascender a segunda de ascenso, arregló con Tabaré, club con el que también consiguió subir, ésta vez a primera.

A partir de ahí, prácticamente no dejó de dirigir en primera división. En el comienzo del nuevo milenio, Atenas fue su primer equipo, con Darío Trigo, Nacho Carpio y Federico Martínez, y al año siguiente fue Goes, con Ismael Onetto, Gastón Triver, Alejandro Muro y Fernando Martínez.

Después de eso, vendría una parte que Marcelo considera fundamental para su formación como entrenador: el pasaje por Italia.

Él ya había viajado varias veces a Estados Unidos para presenciar entrenamientos universitarios, perfeccionarse y aprender. Como sus tíos vivían por allí cerca, fue tres veces diferentes a Maryland, en donde se tenía que tomar tres ómnibus para llegar al lugar de entrenamiento. “Fui con mi tío a la Universidad. Dijimos que yo era entrenador de Uruguay y que quería ver las prácticas. No tenían ni idea lo que era Uruguay, pero después de explicarles un rato me dejaron pasar. Me asignaron una silla determinada dentro de las tribunas del gimnasio. Una vez me corrí a otra y me dijeron que volviera a la original. ´No, esa no. ESA silla´. Pero todos los días, el cuarto asistente venía con una hoja y me pasaba el detalle del entrenamiento, minuto por minuto. Hoy, ese asistente es muy amigo mío”, destaca.

Posiblemente, esas incursiones por Estados Unidos generaron su fanatismo casi obsesivo por la NCAA, el cual lo lleva a conocer la universidad de procedencia de prácticamente todos los actuales jugadores de la NBA.

Pero las visitas a las universidades no eran suficientes, así que en 2002 -en plena crisis económica del Uruguay- decidió irse a Italia, junto a su esposa en segundas nupcias y su segunda hija, Paulina, recién nacida.

Gracias a su ascendencia italiana, sacó el pasaporte y viajó a la bota para dirigir a las juveniles de San Severo, un equipo de la B2, en el que estaba Miguel Volcan como entrenador y en el que jugaba Ismael Onetto. No sabía nada de italiano y al principio se manejaba “a los ponchazos” con el idioma, pero lo fue aprendiendo con el correr de las semanas y hoy por hoy lo habla casi perfecto.

Se quedó una sola temporada, pero dejó una buena impresión, así que, luego de dirigir a Aguada en el 2003, volvió a Italia para encargarse de un equipo de la C2, ya en mayores. “Mi agente me decía que era un proyecto ambicioso. La verdad, era buena plata, me dieron apartamento, auto…Era una camioneta grande, que también tenía que usarla para llevar al plantel cuando jugábamos lejos. Un día se me salió una rueda en la mitad del camino, menos mal que iba solo. Otro día se me resbaló en la nieve y di como cuatro vueltas. Deportivamente me fue bárbaro, perdimos solo cuatro partidos y salimos campeones. La verdad es que entrené muy bien ahí” sostiene Signorelli.

Luego de esa temporada, Marcelo tenía cuatro ofertas para seguir en Italia, pero, sin embargo, decidió volver al Uruguay. “Alejandro Muro siempre me dice que no tuve consistencia, porque siempre tenía la cabeza acá y allá, cuando en realidad hay que enfocarse en un lugar solo, pero a mi siempre me tiraba el Uruguay”, explica Marcelo.

Imagen 2En 2005 volvió a dirigir Aguada, pero renunció cuando el equipo marchaba con una marca de 13-13. “Lo dirigentes me querían convencer para que me quedara, pero yo ya no aguantaba a la tribuna. Los muchachos estaban bravos y me fui”, dice con una sonrisa.

La historia a partir de ahí es más conocida. Dirigió tres equipos más en Italia, en donde además consiguió el titulo de Alienatore Nazionale, gracias al cual está habilitado para desempeñarse en cualquier club de ese país, aún en la máxima categoría (A1).

En Uruguay, aparecieron sus dos títulos de Liga Uruguaya. El primero fue en Biguá, durante la Liga 2007-2008, junto a Martín Osimani, Leandro, el Sapo Rovira y Kevin Young, entre otros. Al año siguiente dirigió a Atenas y, junto a Panchi Barrera, Diego Pereira y el extranjero Rice, estuvo a punto de eliminar a un súper poderoso Biguá, dirigido por el Che García y reforzado por Ruben Wolkowyski.

El segundo título fue con Hebraica Macabi, equipo con el que cual tiene una relación cargada de vaivenes, hasta el punto de ser cesado y recontratado en una misma temporada.

Pero en 2011-2012 consiguió el título con ese club, junto a Panchi, el Pica Aguiar, Joaquín Izuibejéres, Hatila, Gastón Páez y el estadounidense Freije.

Los años fueron pasando, algunos objetivos se fueron cumpliendo, hasta llegar a la actualidad y cumplir con el vaticinio del 95, año en el que le aseguró a uno de sus dirigidos que iba a dirigir a la selección. “Yo en esa época volvía de uno de mis viajes a Estados Unidos y me creía Bobby Knight (3). Estaba loco”, dice Signorelli en el medio de una carcajada.

Sin embargo, tan loco no estaba, porque el gran desafío, por más que se hizo esperar un poco, llegó. En principio, dirigirá a Uruguay en el Sudamericano del mes de junio, pero es muy probable que luego de las elecciones de la FUBB, renueve su contrato para liderar un trabajo de largo aliento.

Los Tiempos

14 de abril: convocatoria de 30 jugadores sub23

 25 de abril: comienzan los entrenamientos de la sub23

10 de mayo: convocatoria de jugadores de la selección mayor.

16 de mayo: comienzan las prácticas de la mayor.

24 de junio: comienzo del Sudamericano de Venezuela.

En el corto plazo, que es por ahora lo único seguro, Signorelli tiene un objetivo claro: “Trataremos de ganar el torneo, aunque siempre hay grandes potencias y nosotros estamos un poco por debajo. Hay que ver con que potencial van Argentina y Brasil –pienso que van a priorizar los Juegos Olímpicos-, pero ya sabemos que Venezuela va ir con todo. Es difícil, pero tenemos que ir a competir y a tratar de ganar, claro.

– ¿Y qué báquetbol tiene que jugar Uruguay para ser competitivo?

– Tiene que jugar un básquetbol casi perfecto, te diría. Bien balanceado, bien definidos los roles…un básquetbol inteligente y defensivo, defender mucho. Sin esas cosas no se puede competir, más al nivel que tienen los rivales.

– ¿Qué implica defender mucho?

– Ser intenso y agresivo. Siempre presionar la bola, tener un cerco reboteador eficiente, porque somos chicos y hay rivales de mucha altura. Defender casi perfecto los bloqueos directos, con el arma que utilices. Y a partir de ahí, correr mucho, tratar de correr mucho, si nos dejan.

– ¿La defensa del bloqueo directo la planificas en función del rival?

– Sí, podés manejar tres o cuatro maneras y, entre ellas, definir de acuerdo a los rivales que haya que enfrentar.

– Uruguay suele ocupar ente la séptima y octava posición en los torneos Panamericanos. ¿Eso se puede mejorar?

– Yo creo que la realidad ha demostrado que Uruguay está para ese puesto, pero pienso que se puede mejorar un poco más. Con pequeñas cosas relativas a la preparación, se puede mejorar. Y creo que hay que cambiar ciertas estructuras que quedaron fuera de contexto. Pese a todas las limitaciones que tenemos, pienso que se puede subir un escalón más. Si tenemos carencias de hombres altos, hay que buscarlos desde la base, hay que crearlos. Hay que recorrer las escuelas sistemáticamente, captar a los chicos que puedan llegar a ser altos en el futuro e inducirlos a que jueguen al básquetbol. Hay que recorrer el Uruguay, regionalizar el interior, dividirlo en cuatro y conseguir entrenador en cada departamento para que nos hagan sus aportes.

– ¿Todo esto que estás diciendo tiene que ver con el proyecto a largo plazo, si es que seguís después de las elecciones de la FUBB?

– Claro. Sería un proyecto que englobaría todo.

– ¿Te gustó lo que hizo Adrián Capelli?

– Sí, me pareció bien. Le faltaron jugadores muy importantes y le ganaron a Venezuela y Brasil, que no es poca cosa. Yo pienso que a Uruguay le faltó un poquito más de convencimiento de que podía ganar. Mirándolo de afuera, porque de la interna no sé absolutamente nada. Pero analizándolo como entrenador, me parece que les faltó convencerse de que podían ganar.

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– ¿Y a nivel de la adhesión, del compromiso defensivo, etc.?

– Yo pretendo más, mucho más. Adrián tuvo la delicadeza de llamarme para felicitarme y pienso ir a Buenos Aires a charlar con él para enterarme de todo de primera mano.

– Hablaste con algunos jugadores ¿Qué recogiste?

– Hablé con los del exterior. Con algunos, no con todos. Encontré buena adhesión, bien, tienen ganas.

– ¿Hablaste con Granger?

– Hablé con Jayson, sí. Sería mejor un cara a cara. No hablé del pasado, no es mi problema. Me dijo: `Quiero estar´. Son dos palabras, no hay que preguntar mucho más. Lo importante es armar el proyecto, mandárselo y saber si tiene ganas de venir. El problema con los jugadores del exterior, incluido Batista y los de Buenos Aires, es el momento en que finalizan sus torneos. Porque los tiempos son muy ajustados, pero hay que adecuarse.

– ¿La idea es entrenar en el exterior?

– Sí, me quiero ir. Quiero ir a entrenar afuera, estar 15 días afuera.

– ¿Para qué?

– La FUBB firmó un convenio con UGAB (4), ahí en Agraciada y Suárez, pero ese gimnasio no va a estar pronto para esta instancia, sí para el año que viene. Entonces nosotros tenemos que encontrar un lugar en donde las estructuras sean lo más adecuadas posibles con el alto rendimiento y eso es lo que vamos a buscar afuera. La idea es Estados Unidos o Italia. Ya estamos haciendo contactos. No solo yo, sino todos a nivel de la Federación. Estamos buscando la vuelta para poder hacerlo, sin que implique una erogación demasiado alta. Estamos trabajando muy duro.

– ¿Pensás renovar el plantel?

– La renovación se va ir dando naturalmente. No hay por qué hacerla de golpe. Es el último Sudamericano, después cambia la estructura de competencia. Uruguay creo que participó en todos los que se han jugado, así que es importante. Hay que ver cómo hacemos la renovación. Si es ahora, en el corto o en el mediano plazo. Todos los jugadores son valiosos, algunos pueden aportar mucho y otros menos, pero todos son valiosos.

– ¿Qué le tiene que aportar Esteban Batista a la selección?

– Tiene que ser un hombre muy importante. Dominador de los tableros, como lo fue en China o como ahora lo está siendo en Italia, en donde está jugando bastante bien (5). Es fundamental para nosotros. Alrededor de él y otros tres o cuatro jugadores tiene que girar la selección.

– ¿Y quiénes son los demás?

– Y yo pienso que Jayson es fundamental. El nivel que tiene en Europa es muy bueno. No lo podemos dejar de traer, hay que hacer todo lo posible para que venga, que se sienta cómodo, que esté feliz de jugar y que lo demuestre en la cancha.

– No ha sido fácil eso hasta ahora…

– No puedo hablar porque no lo conozco. A muchos de estos jugadores no los dirigí nunca. No te puedo hablar antes de conocerlos. El uruguayo es mucho de prejuzgar.

– ¿García Morales?

– Todos tienen posibilidades. Nadie tiene las puertas cerradas.

– Hay jugadores jóvenes como Calfani o Fitipaldo. ¿Pensás que ya llegaron a su techo?

– ¡Noooo! Tienen mucho más para dar. Hay que trabajar y entrenar. Tienen proyección. Yo pienso que Fitipaldo ha crecido muchísimo en la Liga Argentina, que es mejor que la nuestra. Y yo creo que Matías va a crecer muchísimo también allí, porque lo mejor para él, en este momento, es irse a competir afuera. Cuando vas a jugar a otro nivel, crecés seguro. Lo mismo pasa con los entrenadores y con los árbitros.

– Siempre se dice que Uruguay termina cansado los torneos porque hay poca rotación. ¿Se puede extender la rotación?

– Lo tenés que hacer. Eso lo lográs con el trabajo en juveniles. La sub15 tiene que salir afuera a competir, la sub18 lo mismo, para tener luego chicos con experiencia internacional. La competencia interna no alcanza, así que hay que salir afuera. Hay que mandar a ciertos jugadores a perfeccionarse al exterior. Son todas cosas en las que hay que trabajar.

– ¿Vas hablar con los entrenadores anteriores de la selección?

– Sí, claro. Con Pablo (López), Gerardo (Jauri), con (Álvaro) Tito y con Espasandín.

– ¿Cuando sale la lista?

– El 14 de mayo. Pienso convocar 15 jugadores, 16 tal vez. Ahora se fueron dos jugadores al básquetbol argentino (Calfani y Newsome), así que en primera instancia van a estar los que estén acá. Y antes vamos a empezar a trabajar con grupo sub23.

– ¿Cuál es tu objetivo a largo plazo?

– Queremos dejarle a algo a la selección, especialmente un trabajo de estructura desde las bases, a nivel de sub15. Reorganizar el interior, que pueda haber entrenadores en todas partes trabajando para el proyecto. Eso ya sería muy satisfactorio para mí.

– Hablaste de los juveniles. ¿Qué hay que mejorar ahí?

– La competencia. Tienen que competir, tiene que tener una planificación de todo el año, tienen que mostrarse y salir al exterior. Hay que estar en contacto con los entrenadores de los clubes y mejorar a los jugadores en conjunto. No hay que inmiscuirse en el trabajo de ellos, porque todo entrenador es celoso, pero estar ahí y ayudarnos entre todos. Creo que tenemos buenos entrenadores.

Cuando el grabador se apagó, la charla siguió un poco más y solo se cortó porque Marcelo ya tenía marcada otra reunión relacionada con la selección.
El desafío lo apasiona y lo acapara, tal vez como ningún otro en su carrera.

Referencias

1.- Defendió a la Celeste en el Mundial de España en 1986, el último al que concurrió Uruguay.
2.- Falleció en el 2013 con 90 años. Creador de muletillas imborrables para el periodismo deportivo como “La importancia de los que significa…” o “La condición de lo que significa…”
3.- Apodado el General, es un exentrenador universitario estadounidense. Polémico y controvertido al extremo. Dirigió a la selección de su país en los Juegos Olímpicos de 1984, consiguiendo el Oro.
4.- Unión General Armenia de Beneficencia.
5.- Según las estadísticas oficiales, tras sus primeros 8 partidos con el Armani Milano de la A1, lleva 15,6 puntos y 5,3 rebotes en 11,1 minutos.

 

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