l   agosto 22, 2017   l  

Gestión en el deporte Con el corazón y la cabeza





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El deporte asociativo en Uruguay tiene una fuertísima tradición generada por hombres y mujeres que han vertido horas y horas de trabajo voluntario con el fin de ver a su cuadro, equipo o proyecto florecer y generar identidad y lazos sociales que muchas veces perduran toda la vida. Sin perder ese origen, hay un movimiento de gestores deportivos que intentan darle una forma más profesional a ese hacer con el fin de generar instituciones autosustentables.

Las instituciones deportivas tienen el gran desafío de ser organizaciones sustentables, en las que si bien el objetivo primordial no pasa por generar utilidades sí es importante que puedan pensarse y proyectarse al mediano y largo plazo, siendo imprescindible que los costos no superen a los ingresos.

Puede parecer un análisis muy frío, pero también es cierto que hay que pagar sueldos, equipamiento, materiales, seguridad, higiene, luz, agua, teléfono, etc. Cotidianeidades que en muchos casos suponen grandes desafíos, y que en la mayoría de los casos son liderados por un grupo de vecinos o allegados que ponen voluntariamente “sus hombros” para sacar a los clubes adelante.

“Uno de los desafíos está en que existe una gestión artesanal, muy voluntaria, pero que carece de ciertos marcos institucionales que permitan darle continuidad o mejorar el proyecto deportivo” explica Miguel Blasco, docente de la materia Gestión de Instituciones en la Tecnicatura en Gestión de Instituciones Deportivas del Claeh.

Vender una rifas en el barrio, revivir la cantina y colocar algunos juegos tipo “traga-monedas” son algunos recursos y estrategias que si bien forman parte del patrimonio cultural por otros momentos son obstáculos para mejorar la oferta de servicios a brindar.

“Que sea una institución sin fines de lucro no significa que sea con fines de pérdida. No quiere decir que no maneje fondos, genere utilidades y los reinvierta. Lo ideal es que esté muy bien administrada y que no solamente solvente los gastos corrientes sino que pueda reponerse e ir mejorando el servicio” detalla Blasco.

En cuenta a los tipos de organizaciones que existen están las privadas, las públicas y las del tipo cooperativo-social. Cada una de ellas persigue objetivos diferentes, y en cuanto a la cantidad que existe en al país, son las públicas y sociales las que tienen mayor presencia en el territorio. En general las instituciones son “sociales y deportivas”, lo que se emparenta más a una lógica cooperativa, donde las decisiones generan procesos colectivos.

Justamente una de las barreras culturales que existe a la hora de pensar en la gestión tiene que ver con asociarla directamente al marketing y las ganancias. Plantea Blasco que “no se trata de trasladar la lógica empresarial a los proyectos deportivos. Las instituciones sociales persiguen un objetivo de transformación social… y eso no debe perderse ya que uno de los peligros sería vaciarlas de contenido”.

Por lo general este tipo de instituciones funcionan con una comisión directiva, que es la encargada de tomar decisiones políticas, y al mismo tiempo un equipo de gestión –donde pueden haber técnicos de diferentes áreas – que vendrían a ser los que sostienen el día a día de la maquinaria. “Algo que es muy común tiene que ver con que “todos hacen todo”, y entonces ahí se generan ciertas complicaciones porque la persona que se involucra lo hace desde las ganas y el corazón, pero a veces se requieren cierto saber técnico y entender que son ámbitos distintos”.

JUNTOS PERO NO REVUELTOS

cal_179La gobernanza es un término que últimamente se viene escuchando con fuerza en torno a la gestión deportiva. Blasco la define como “el arte del ejercicio de la decisión por el bien común” y subraya que “existen buenas experiencias… sobre todo aquellas que son híbridos o mixtas donde el Estado pone algunas cosas pero gestiona menos de forma directa”.

Este modelo de gestión se puede ver por ejemplo en la Plaza de Deportes nº7 de Montevideo, ubicada en el barrio Paso Molino, donde existe una coparticipación entre la Comisión de la plaza (integrada por vecinos y que funciona al estilo de una asociación civil) y la Dirección Técnica (integrada por funcionarios de la Secretaría Nacional del Deporte). Las decisiones deben tomarse en conjunto entre las dos partes y ninguna puede actuar por sí sola.

Desde su rol como coordinador del Deporte Comunitario de la SENADE, Blasco explica que “se empiezan a dar algunos híbridos que si bien no son perfectos, sí generan mejora social, participación, innovación, saliéndose de los estereotipos más extremos”.

Uno de los puntos más polémicos en torno a la gestión deportiva tiene que ver con cómo se miden los resultados. Muchas veces predomina una mirada “cortoplacista” donde ganar es lo único que cuenta. O sea, donde la posición que se ocupe en una tabla de clasificación sería el barómetro de éxito o fracaso de la política deportiva.

Ahora, afinando un poco más el análisis hay ciertas dimensiones o variables que también podrían tomarse en cuenta, según Blasco, tales como “el plan estratégico, la misión, la visión, los objetivos y los procesos que se dan, o sea; poder evaluar en función del horizonte que se traza la organización”.

Los proyectos e instituciones deportivas tienen el gran reto de mostrarle a la sociedad que son propuestas relevantes tanto para la vida social como en aspectos relacionados a la salud y el entretenimiento.

En este sentido generar alianzas entre los diferentes actores es fundamental, bajo el entendido que la unión hace a la fuerza. Sintetiza Blasco,

“el deporte es colaboración y competencia. A veces se pone el énfasis solamente en la competencia… Ponele que armás una liga, y hay 4 equipos en una misma localidad. Si logras que cada equipo sea bueno en sí mismo, mejoras la calidad, la competencia y en definitiva al deporte en su conjunto. Faltan más proyectos colaborativos y dejar de ver al rival simplemente para vencerlo”.

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